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ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS

  • 21 abr
  • 9 min de lectura

Doce sospechosos, un criminal


El 50 aniversario de la muerte de Agatha Christie nos da pie para recordar una de las más famosas versiones de una de sus más populares novelas, dirigida en 1974 por Sidney Lumet, con Albert Finney (como Hércules Poirot) al frente de un reparto insuperable.


Publicada en 1934, «Asesinato en el Orient Express» es una de las más famosas novelas de la escritora británica Agatha Christie (1890-1976), junto con «Diez negritos» (1939). Pero la prolífica Christie siempre se había mostrado reacia a la adaptación al cine de sus libros, relatos y obras de teatro de temática policíaca, a pesar de la existencia de versiones tan notables como las norteamericanas Diez negritos (René Clair, 1945) y Testigo de cargo (Billy Wilder, 1957), o la serie de películas británicas de George Pollock protagonizadas por Margaret Rutherford como Miss Marple: El tren de las 4:50 (1961), Después del funeral (1963), La señora McGinty ha muerto (1964) y Asesinato a bordo (1964).

A principios de los setenta, el presidente de la productora británica EMI Films Nat Cohen y los productores John Brabourne y Richard Goodwin se propusieron llevar por primera vez al cine «Asesinato en el Orient Express». Convencer a la octogenaria Christie para que les vendiera los derechos no fue fácil, pues la escritora estaba muy descontenta con los mencionados films de Pollock y no quería volver a oír hablar del cine. Brabourne recurrió a su suegro, que era nada menos que el famoso exvirrey de la India Lord Mountbatten y viejo amigo de Christie, para que les ayudara a demostrarle que Asesinato en el Orient Express iba a ser una película a la altura de la novela. El marido de la escritora, Max Mallowan, declararía que «Agatha siempre había sido alérgica a la adaptación de sus libros al cine, pero fue persuadida para que le diera una oportunidad a esta».

¡Pasajeros, al tren!


A pesar de contar con un presupuesto relativamente bajo para la época, del orden de las 554.000 libras esterlinas (1.400.000 dólares), Asesinato en el Orient Express hizo gala de un gran director, el norteamericano Sidney Lumet (1924-2011), un extraordinario equipo técnico-artístico y, sobre todo, un reparto espectacular: Albert Finney (el detective belga Hércules Poirot), Lauren Bacall (Harriet Belinda Hubbard), Martin Balsam (Signor Bianchi), Ingrid Bergman (Greta Ohlsson), Jacqueline Bisset (condesa Helena Andrenyi), Jean-Pierre Cassel (Pierre Paul Michel), Sean Connery (coronel Arbuthnot), John Gielgud (Edward Beddoes), Wendy Hiller (princesa Natalia Dragomiroff), Anthony Perkins (Hector McQueen), Vanessa Redgrave (Mary Debenham) –la actriz encarnaría luego a la propia Christie en Agatha (Michael Apted, 1979)–, Rachel Roberts (Hildegarde Schmidt), Richard Widmark (Ratchett) y Michael York (conde Rudolf Andrenyi), secundados a su vez por Colin Blakely (Cyrus B. Hardman), George Coulouris (Dr. Constantine), Vernon Dobtcheff (conserje) y Denis Quilley (Antonio Foscarelli).

Lumet contactó en primer lugar con Connery, con quien ya había trabajado en La colina (1965), Supergolpe en Manhattan (1971) y La ofensa (1973), y volvería a hacerlo en Negocios de familia (1989), convenciéndole para participar. Según el director, conseguir primero a la estrella más cotizada del elenco sería lo que animaría a las restantes a añadirse al proyecto. Finney fue la tercera opción para encarnar a Poirot, pues resultaba demasiado joven para el papel (37 años, frente a los 55-60 del personaje), de ahí que primero se ofreciera a intérpretes de mayor edad como Alec Guinness y Paul Scofield. Por su parte, Widmark accedió a trabajar en el proyecto, a pesar de que su personaje muere asesinado en el primer tercio del relato, por el mero placer de conocer a sus brillantes compañeros de reparto.

La famosa primera versión para el cine de

la novela de Agatha Christie



Una de las más famosas anécdotas que rodean a Asesinato en el Orient Express la relata Ingrid Bergman en su autobiografía «Mi vida». Lumet quería que encarnara a la princesa Dragomiroff, papel para el que también fue considerada Marlene Dietrich. Según Bergman, le dijo: «Quiero que encarnes a la princesa rusa. Es un personaje cautivador». Pero, tras leerse el guion, la actriz sueca consideró que resultaba más adecuada para hacer de Greta Ohlsson. «¿Por qué debo maquillarme y ser la princesa rusa –le dijo–, si hay una estupenda misionera sueca, que parece hecha a mi medida? No me costará hablar con acento sueco, ¿comprendes? Deseo el papel de misionera». Lumet se resistió: «No, no te conviene. Piensa en la estupenda princesa, en la hermosa anciana de aspecto tan extraordinario». «La misionera sueca también resulta extraordinaria». El director seguía sin estar convencido, hasta que Bergman le dijo: «Reflexiona. El argumento gira alrededor de Albert Finney como Hércules Poirot, el papel principal. Los restantes vienen a tener la misma importancia, como viñetas de igual tamaño, y me parece que estaré muy bien en el que solicito. Se me han ocurrido muchas ideas sobre cómo debo interpretarlo. Y no me importa mi apariencia». Concluía la actriz: «Sidney cedió finalmente y Wendy Hiller se convirtió en la princesa rusa, que representó de manera poco común».

Una vez llegado el momento de filmar la principal escena con Bergman, Lumet decidió compensarla por la pequeñez de su papel permitiéndole lucirse ante la cámara: «Ella prefirió hacer una parte muy pequeña y yo no pude persuadirla para que cambiara de opinión, era terca, obstinada... –relataría a Charlotte Chandler–. Como su papel era tan pequeño, decidí filmar su gran escena, en la que habla durante casi cinco minutos sin cortar, todo en una toma larga. Muchas actrices hubieran vacilado ante eso. Pero a ella le encantó la idea y le sacó el máximo provecho, expresando una amplia gama de emociones. Nunca he vuelto a ver nada como eso».

Sidney Lumet dirigió a un brillante elenco

de estrellas en un clima de cordialidad



Crimen en familia


El rodaje de Asesinato en el Orient Express se desarrolló en 1973 principalmente en decorados erigidos en los estudios británicos de Elstree, si bien también se filmaron exteriores en Francia, concretamente en un taller ferroviario cerca de París que en la película simula ser la estación de tren de Estambul. Otros exteriores utilizados fueron las montañas del Jura, en la frontera alpina francosuiza, donde se aprovechó una vía férrea recién cerrada entre las localidades de Pontarlier y Gilley. Las escenas en las que el Orient Express queda bloqueado por la nieve fueron rodadas cerca de Montbenoît, una zona habitualmente nevada que, a pocas semanas de la filmación, estaba todavía sin nieve. Eso fue motivo de preocupación para la producción, que preparó camiones cargados de nieve para ambientar esas escenas; al final, la noche anterior al rodaje nevó abundantemente y todo el paisaje se cubrió de blanco... aunque fuera a costa de dejar atrapados en la nieve a aquellos mismo camiones.

Pese a la presencia de tantas estrellas en el plató, el trabajo se desarrolló en un clima de completa cordialidad y camaradería. Eso no significa que la labor estuviese exenta de complicaciones. Por ejemplo, Albert Finney compaginó la filmación con su labor diaria en una obra de teatro, lo cual le dejaba pocas horas de sueño. Para hacérselo más llevadero, una ambulancia pasaba cada día por su domicilio y se lo llevaba, dormido, al plató; por el camino, los maquilladores aprovechaban para empezar a caracterizarle como Poirot. La estrechez de los decorados del tren obligó al ingeniero de sonido Peter Handford a inventar unos pequeños micrófonos que se escondían en los accesorios de mesa para no tener que recurrir a las jirafas. También fue complicado colocar cámaras en el decorado del vagón donde Poirot reúne a todos los pasajeros y ofrece su explicación final, fragmento que en el film dura alrededor de 27 minutos y que obligó a Finney a memorizar más de ocho páginas de texto.

Asesinato en el Orient Express se estrenó el 21 de noviembre de 1974 en el Reino Unido, y tres días más tarde en los EE.UU., llegando a cines españoles el 20 de diciembre. Sin ser un éxito de taquilla descomunal –19 millones de libras esterlinas y 35 millones de dólares en sus respectivos mercados–, resultó muy beneficiosa. Agatha Christie elogió el resultado, aunque... –dijo– «estaba bien hecha excepto por un error: Albert Finney, como mi detective Hércules Poirot. Yo escribí que tenía el mejor bigote de Inglaterra, y no lo tenía en la película. Me pareció una lástima, ¿por qué no?».



Gracias a Asesinato en el Orient Express, Ingrid Bergman ganó su tercer Óscar, en la categoría de Mejor Actriz de Reparto. Por su parte, la película de Lumet fue candidata al Óscar al Mejor Actor (Albert Finney), Guion Adaptado (Paul Dehn, por más que su libreto contenía aportaciones no acreditadas de Anthony Shaffer), Fotografía (Geoffrey Unsworth), Vestuario (Tony Walton) y Banda Sonora en Film Dramático (Richard Rodney Bennett).

Bergman protagonizó una de las más famosas anécdotas de la historia de los Premios de la Academia de Hollywood. Como ella misma relata en «Mi vida», «sabía que me habían seleccionado por mi papel como misionera sueca en “Asesinato en el Orient Express”. Aquello me había ocurrido cinco veces, en dos de las cuales, “Anastasia” [Anatole Litvak, 1956] y “Luz que agoniza” [George Cukor, 1944], había conquistado el Óscar. Era suficiente para contentar a cualquiera. ¡Ser tenida en cuenta por algo tan insignificante!... En realidad, únicamente había tenido una escena, propiamente dicha, en la que explicaba mi labor de misionera, cómo cuidaba a los niñitos, etc. Y Sidney Lumet había mantenido la cámara fija en mí todo el tiempo».

«Valentina Cortese había estado tan sobresaliente en “La noche americana” [1973], de [François] Truffaut, que yo estaba segura de que lo recibiría. Anunciaron el veredicto:».

«–Mejor Actriz de Reparto: Ingrid Bergman por su actuación en “Asesinato en el Orient Express”».

«Corrí al escenario y expresé lo que pensaba»:

«–No es justo. Deseo que este premio pertenezca a Valentina Cortese. Lo merece».

«Fue una torpeza, porque la industria cinematográfica que otorga los galardones se considera imparcial. Los focos y las cámaras buscaron a Valentina, que se puso de pie y me lanzó besos. Sonaron los aplausos».

«Valentina y yo no nos separamos durante el resto de la velada y nos fotografiaron juntas. Yo estaba muy apenada, pues ella era digna del premio. Advertí demasiado tarde que, como solía, había obedecido a mis impulsos. Habían mencionado a otras tres actrices magníficas, las cuales se ofendieron porque yo había citado únicamente a Valentina. Hubiera salido ganando si me hubiese mordido la lengua».


Una historia de venganza


Para el neoyorquino Sidney Lumet la década de los setenta fue tan prolífica como relativamente buena. Cierto es que hizo cuatro de sus mejores películas del período: Perversión en las aulas (1972), la ya mencionada La ofensa, Tarde de perros (1975) y Network, un mundo implacable (1976). También inclasificables: The Last of the Mobile Hot Shots (1970) y el documental King: A Filmed Record... Montgomery to Memphis (1970). Pero, en el saldo de lo menos buenos, tenemos films meramente correctos –la asimismo citada Supergolpe en Manhattan–, cuando no sobrevalorados –Serpico (1973) y Equus (1977)–, o anodinos –Lovin’ Molly (1974)–, y al menos uno decididamente malo: el musical El mago (1978), la peor película de su filmografía.

Asesinato en el Orient Express no se encuentra entre lo mejor de Lumet de esa década, pero está lejos de ser de lo peor. Aunque algo hueca y superficial, esta famosa adaptación del libro homónimo de Agatha Christie resulta tan aparatosa como entretenida. Indiscutiblemente, juega a favor del resultado cómo se luce el equipo de colaboradores del director: el director de fotografía Geoffrey Unsworth, el diseñador de producción y de vestuario Tony Walton, la montadora Anne V. Coates y el compositor Richard Rodney Bennett. Es notable, en este sentido, la manera que tiene Unsworth de iluminar la inquietante secuencia inicial, que a base de tenebrosas imágenes mezclados con titulares de periódicos nos relatan el secuestro y asesinato de la pequeña hija de la familia Armstrong; o la que nos revela, vía flashback, cómo se produjo el asesinato de Ratchett, a la luz de una bombilla azulada que confiere al momento un carácter sombrío y macabro. ¿Y qué decir de la brillante partitura de Rodney Bennett, con momentos tan espléndidos como la música que suena cuando el Orient Express parte de la estación, y que va creciendo en ritmo e instrumentación a medida que el tren va cogiendo velocidad? En cuanto al reparto, este solo puede calificarse de extraordinario. Si bien es verdad que Finney carga un tanto las tintas en su composición de Poirot, su labor no desentona de la formidable de sus compañeros de elenco, por más que merezcan menciones especiales John Gielgud, como siempre, por su exquisita sutilidad, una Lauren Bacall simpática y dicharachera, el excelente Martin Balsam haciendo frente a un rol difícil, por desagradecido, un sobrio y eficaz Sean Connery, el siempre estupendo Richard Widmark, y una genial –y, aunque ella no estuviese de acuerdo, justamente oscarizada– Ingrid Bergman.


Asesinato en el Orient Express sigue al pie de la letra las reglas del whodunit que Agatha Christie contribuyó a popularizar dentro de la novela policíaco-detectivesca del siglo XX. El film se apoya sobremanera en los diálogos (al igual que las novelas de Christie), y recurre abundantemente al flashback para mostrar las narraciones de los sospechosos o las reconstrucciones mentales de Poirot, con vistas a ir «refrescándole» al espectador tal o cual frase o detalle por su peso específico en la resolución del misterio. Llama la atención que Asesinato en el Orient Express, tanto la novela como la película, sea una atrevida y políticamente incorrecta apología de la venganza: no sería la última vez que Christie se pronunció a favor de la pena de muerte, como recordarán los lectores de las dos novelas póstumas de la escritora publicadas en 1976: «Un crimen dormido», último caso de Miss Marple, y «Telón», último caso de Poirot.


Tomás Fernández Valentí

 
 
 

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