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TOP GUN ¡Los mejores pilotos de América!

  • 23 may
  • 10 min de lectura

Este año se conmemora el 40 aniversario de una película que no está en la línea habitual de DIRIGIDO POR…, pero que traemos a colación ni que sea por la repercusión popular que obtuvo en su momento y sigue teniendo en la actualidad, y que, además, convirtió a Tom Cruise en una estrella: «Top Gun (Ídolos del aire)» («Top Gun», 1986), dirigida por el malogrado Tony Scott y coprotagonizada por Kelly McGillis, el también malogrado Val Kilmer, Anthony Edwards y una desconocida Meg Ryan. Fue el mayor éxito comercial del año, y sigue siendo un icono del cine juvenil de los ochenta, como demuestra el hecho de su reciente reposición en cines con honores de estreno.

Un artículo de Ehud Yonay, titulado «Top Guns» y publicado en mayo de 1983 en la revista «California», se encuentra en la base de Top Gun (Ídolos del aire). «Top Guns» relataba la vida de los pilotos de combate (top guns) en Miramar, una base aérea de la Marina situada en San Diego y conocida con el apodo de «Fightertown USA». Los productores Don Simpson (1943-1996) y Jerry Bruckheimer (n. 1943) compraron los derechos para el cine del artículo y encargaron el guion a Jim Cash y Jack Epps Jr. Este último fue quien llevó a cabo la principal labor de investigación de cara al libreto, accediendo a un importante material desclasificado de la base Miramar e incluso llegando a experimentar personalmente lo que es volar en un avión Grumman F-14 Tomcat a reacción.



Aunque Cash y Epps Jr. figuran como únicos guionistas acreditados, lo cierto es que su primera versión del guion de Top Gun no gustó a Simpson y Bruckheimer, quienes querían algo menos realista y más comercial. Warren Skaaren (Bitelchús, Batman) fue contratado como script doctor no acreditado para dejar el guion al gusto de los productores. Cash y Epps Jr. siempre han afirmado que esa primera versión era muy diferente de lo que acabó saliendo en pantalla. Es posible que los cambios introducidos en el libreto fueran consecuencia del interés de Simpson y Bruckheimer por conseguir el apoyo de la Marina de los Estados Unidos, que permitió que se filmaran auténticos aviones F-14 y VF-51 Screaming Eagles en la Base Aérea de la Marina Fallon, en Nevada, y se rodaran numerosas escenas a bordo del portaaviones USS Enterprise, lo cual contribuyó sobremanera a abaratar los costes de producción. Un auténtico militar de la Marina, el almirante Pete «Viper» Pettigrew, instructor de aviación y veterano de la guerra de Vietnam, asesoró los aspectos técnicos del film, e hizo una breve aparición como actor, encarnando a uno de los colegas del personaje de Charlotte «Charlie» Blackwood.

A cambio, se eliminaron del guion aspectos controvertidos y/ o incómodos para la Marina, como que el combate aéreo contra los cazas soviéticos tuviera lugar sobre el espacio aéreo de Cuba (se subsanó situándolo sobre aguas internacionales), se suavizó el lenguaje soez, se eliminó una escena en la que uno de los aviones se estrella sobre la pista del portaaviones, y en particular, se modificó el personaje de la novia del protagonista masculino, el teniente Pete «Maverick» Mitchell, que en la primera versión del guion se llamaba Kirsten Lindstrom y era una piloto miembro de la Marina, y en la definitiva se convirtió en Charlie, una instructora de vuelo civil, pues lo anterior vulneraba expresamente el reglamento de conducta de los oficiales norteamericanos, que prohíbe la confraternización con personal alistado.

Charlie estaba inspirada en la figura real de Christine Fox, una instructora de vuelo civil que los productores conocieron en una visita a la base Miramar y que se retiró en mayo de 2014 tras haber ocupado el cargo de ayudante del Secretario de Defensa, el más alto conseguido nunca por una mujer en el Departamento de Defensa de los EE.UU. También se ha dicho que, antes de esa reescritura del guion, Charlie era al principio la típica «rubia tonta», algo que Dawn Steel, presidenta de la distribuidora del film, Paramount Pictures, exigió que fuera modificado, por sexista, convirtiendo a Charlie en una mujer más sofisticada, moderna e inteligente.


Un reparto de altura

El primer intérprete seleccionado para interpretar a Maverick fue Matthew Modine, quien rechazó el papel alegando que el guion le parecía demasiado militarista y ello chocaba de frente con sus convicciones políticas (piénsese que, al año siguiente, Modine fue el protagonista de La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987), una película en las antípodas de Top Gun). Antes de que Tom Cruise asumiera ese rol, se valoró una larga lista de actores: Patrick Swayze, Emilio Estevez, Nicolas Cage, John Cusack, Matthew Broderick, Sean Penn, Michael J. Fox, Scott Baio y Tom Hanks también rechazaron el guion, y John Travolta, Charlie Sheen, Jim Carrey, Rob Lowe, Kevin Bacon, Eric Stoltz y Robert Downey Jr. fueron considerados en segunda instancia.

Una firme candidata al papel de Charlie fue Ally Sheedy, que acabó rechazándolo porque, en sus propias palabras, no quería verse implicada en una película sobre pilotos de combate..., aunque tiempo después reconocería que esa decisión fue uno de los peores errores de su carrera. Linda Fiorentino, Tatum O’Neal, Jodie Foster, Daryl Hannah, Diane Lane, Sarah Jessica Parker y Linda Hamilton rechazaron también el papel, y Carrie Fisher, Brooke Shields y Debra Winger fueron consideradas, pero al final Simpson y Bruckheimer decidieron que lo mejor era darle el papel a una desconocida, y se inclinaron por Kelly McGillis (n. 1957), quien acababa de ser descubierta gracias a su intervención en Único testigo (Peter Weir, 1985).

El resto del elenco se completó con Val Kilmer (n. 1959), como el teniente Tom «Iceman» Kazanski, rival de Maverick (un papel que Kilmer hizo a regañadientes por obligación contractual); Anthony Edwards (n. 1962), como el teniente Nick «Goose» Bradshaw, el mejor amigo de Maverick; Tom Skerritt (n. 1933), como el comandante Mike «Viper» Metcalf (papel para el cual fueron considerados Jon Voight y Louis Gossett Jr.); Michael Ironside (n. 1950), como el teniente coronel Rick «Jester» Heatherly; Meg Ryan (n. 1961), como Carole, la esposa de Goose; y, en papeles secundarios, el luego realizador John Stockwell, Rick Rossovich, Tim Robbins, James Tolkan y Adrian Pasdar.

La popular película «ochentera» de Tony Scott

que catapultó a Tom Cruise al estrellato

Tocando el cielo

Tony Scott fue elegido director tan solo después de haberse considerado, por increíble que parezca, a cineastas como John Carpenter y David Cronenberg (¡). Top Gun fue una película relativamente cara, con un presupuesto del orden de los 15 millones de dólares de la época. Su rodaje tuvo lugar entre el 26 de junio y octubre de 1985, y el calendario se repartió, además de en las auténticas instalaciones militares cedidas por la Marina mencionadas líneas atrás, en diversas localizaciones californianas de San Diego, Oceanside, Oakland y Coronado.

No obstante, en marzo del año siguiente fue necesario filmar dos escenas adicionales: la de Maverick y Charlie en el ascensor y su escena de sexo, rodadas en un plató de Chicago, Illinois. Dado el tiempo transcurrido entre la filmación principal y la de estos añadidos, fue necesario disimular la extrema delgadez de McGillis (quien había perdido nada menos de 27 kilos en el ínterin) y retocar su cabello, ahora más oscuro, para que se viera tan rubio como lo tenía unos meses atrás. En cambio, se puede percibir que Cruise lleva en esta escena el cabello un poco más largo que en el resto del film; eso se debe a que, ese mismo mes, Cruise estaba rodando El color del dinero (Martin Scorsese, 1986), y era imposible dejárselo a corte militar. Asimismo, para disimular la diferencia de estatura de Cruise (1.70 m) y McGillis (1.78 m), todas las escenas que comparten se filmaron usando suelos desnivelados, o con Cruise calzando unas botas camperas con alzas, y McGillis, descalza.

Los actores que interpretan a los pilotos top guns accedieron a rodar sus primeros planos a bordo de auténticos F-14..., y absolutamente todos vomitaron las primeras veces que lo intentaron (Cruise incluido, quien no logró retener lo que había comido hasta el tercer vuelo), con la excepción de ¡Anthony Edwards!, quien paradójicamente interpreta al único de los personajes principales que muere en acción aérea. Dichas escenas se filmaron usando una avioneta Learjet que iba equipada con una cámara diseñada, por expreso encargo de la Paramount, por la empresa Grumman, la misma que había creado los F-14. Estrenada el 18 de mayo de 1986, Top Gun fue la película más comercial de ese año en los Estados Unidos, con una recaudación final de 179 millones de dólares, y de 356 a nivel internacional, y además consiguió dos premios Óscar, a la Mejor Canción Original («Take My Breath Away», con música de Giorgio Moroder y letra de Tom Whitlock) y al Mejor Sonido (Donald O. Mitchell, Kevin O’Connell, Rick Kline y William B. Kaplan), y otras dos nominaciones en las categorías de Mejor Montaje (Billy Weber y Chris Lebenzon) y Mejor Montaje de Efectos Sonoros (Cecelia Hall y George Watters II).


La resaca del éxito

Como relata David L. Robb en su libro «Operación Hollywood. La censura del Pentágono», Top Gun (Ídolos del aire) es el film que más ha contribuido a la campaña de reclutamiento de la Marina norteamericana de toda la historia. «De hecho –relata Robb–, a la Marina le gustó tanto que muchos de sus reclutadores se instalaron en el interior de algunos cines que la proyectaban. Según el ejército, los jóvenes deseosos de convertirse en pilotos de la Marina aumentaron en un quinientos por cien tras el estreno. “Aquellos muchachos salían del cine completamente deslumbrados por lo que habían visto y preguntaban: “¿Dónde tengo que firmar?””, afirma el comandante David Georgi, el oficial de relaciones públicas del ejército en numerosas producciones televisivas y cinematográficas».

Pero, añade Robb, irónicamente, su secuela –la no menos exitosa Top Gun: Maverick (Joseph Kosinski, 2022), recuperando a Cruise y a un moribundo Val Kilmer; no así a una envejecida, autoproclamada lesbiana y con sobrepeso Kelly McGillis, reemplazada por la más estilizada Jennifer Connelly–, como digo, tardó tanto en realizarse en relación con la primera película porque, según el mismo comandante Georgi, a principios de la década de 1990, un hipotético Top Gun 2 habría afectado muy negativamente al reclutamiento. La Paramount estaba preparando el guion de Top Gun 2, pero, antes de que el proyecto pudiera pasar a la fase de producción, la Marina se vio sacudida por un escándalo que hizo que el consumo de alcohol y la seducción de mujeres de Top Gun dejaran de ser temas de los que la Marina deseara alardear. El llamado «escándalo Tailhook» tuvo lugar en 1991 en el hotel Hilton de Las Vegas, donde cientos de pilotos de la Marina acosaron y maltrataron a ochenta y siete mujeres, noticia que fue portada en los principales periódicos estadounidenses.

«A la Marina le encantó “Top Gun” porque contribuyó enormemente a su campaña de reclutamiento. La Paramount se dirigió a la Marina: “¡Hagamos “Top Gun 2”!”. Pero, después de Tailhook, les dijeron: “¡Largaos de aquí!”. En “Top Gun”, Tom Cruise se acostaba con su instructora y bebía como un cosaco. Tras el escándalo Tailhook, a la Marina ya no le interesaba dar esa imagen», afirma el comandante Georgi.


Cine «ochentero»

El cine «ochentero», que no es todo el cine realizado durante la década de los ochenta, sino una determinada parcela del más popular producido en ese decenio en los Estados Unidos, está de moda. Basta con ver la reciente repercusión de la serie de televisión Stranger Things, que basa buena parte de su efectividad en la nostalgia/remembranza/ imitación (táchese lo que no proceda) de determinado cine «ochentero», en su caso las películas dirigidas o producidas por Steven Spielberg y sus adláteres.

Pero el cine «ochentero» estadounidense no consistió solamente en el producido por Amblin Entertainment: otra importante parcela de esa operación nostalgia la ocupa el cine de acción de esa década, el que consolidó el estrellato de figuras del cine de alto presupuesto como Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, y algo menos (dado que alternaban el cine de acción con otro tipo de films), Harrison Ford, Mel Gibson y Bruce Willis, y también el de las estrellas del cine de acción de bajo presupuesto producido, principalmente, por Cannon Films, encabezado por el incombustible Chuck Norris, Jean-Claude Van Damme, Michael Dudikoff o un otoñal Charles Bronson. Prueba de ello es la existencia de una franquicia como la de Los mercenarios.

Pero hubo, a nivel estético/esteticista, otro cine «ochentero»: el forjado alrededor de lo que se conoció como estética del videoclip, la cual, si bien contó con antecedentes ilustres como Blade Runner (Ridley Scott, 1982), no tardó en degenerar, en convertirse en una fórmula, un patrón que se aplicaba porque estaba de moda, y que se consolidó a raíz del éxito de la burbujeante Flashdance (Adrian Lyne, 1983). Uno de los primeros «especialistas» de esta estética, que la aplicó coherentemente a lo largo de toda su filmografía, fue el cineasta británico Tony Scott, hermano de Ridley. Top Gun (Ídolos del aire) es, en este sentido, el monumento al cine «ochentero» por excelencia: una producción «para jóvenes», como las de Amblin pero distinta a las de estas últimas; de acción, aunque sin la elevada violencia de los blockbusters de Stallone y Schwarzenegger ni la de los exploits de Cannon; y de estética «videoclipera»: antes de Top Gun, Tony Scott había firmado El ansia (1983; ver Cult Movie en «Imágenes de Actualidad», núm. 316).



Es inútil intentar entrar en una película como Top Gun desde el punto de vista de su argumento, pues no resiste análisis alguno: el film no es –y probablemente tampoco pretendía ser– sino un batiburrillo de tópicos sobre el honor, la amistad, el amor, la lealtad y el patriotismo made in USA, todo ello relatado a través de la evolución personal del personaje de Maverick, un piloto bravucón, arrogante y vanidoso, firmemente convencido de su pericia para el vuelo, que acaba aprendiendo el valor del trabajo en equipo aun a costa de perder, por culpa de su temeridad, a su mejor amigo, Goose; planteamiento, por cierto, no muy lejos de otro famoso artefacto reaccionario made in Hollywood de esa época, Oficial y caballero (Taylor Hackford, 1982), que comparte con Top Gun el tirón popular de una canción de gran éxito, «Up Where We Belong» en el caso de la primera, «Take My Breath Away» en el de la segunda, ambas premiadas con el Óscar.

Top Gun no es su argumento (risible); ni sus actores, la mayoría, insufribles: Tom Cruise está, aquí, insoportable; el malogrado Val Kilmer, tres cuartos de lo mismo; y Meg Ryan ya apuntaba lo que acabaría siendo: una de las peores actrices de su generación. Si algo «es» Top Gun es exactamente lo que muestran sus imágenes: el placer hedonista de filmar puestas de sol «bonitas»; de mostrar la fotogenia de sus jóvenes intérpretes; el realzarlos cuando, como en el caso de Maverick, se sube a su, claro está, potente moto, y se coloca, cómo no, sus gafas de sol (lo cual, durante años, ha sido una icónica marca de fábrica de Cruise); el filmar de manera «trepidante», y sobre todo, el montar de forma más trepidante todavía las (confusas) secuencias de acción aérea; el esteticismo homo-erótico de la secuencia en la que Maverick y sus compañeros pilotos juegan, a cámara lenta y con el torso desnudo, al voleibol playa... Y no, no vamos a sacar a relucir la famosa «teoría gay» desarrollada por Quentin Tarantino en una escena de Duerme conmigo (Rory Kelly, 1994), una película que nadie recuerda nada más que por eso: Top Gun fue/es el juguete lúdico de toda una generación de jóvenes espectadores.


Tomás Fernández Valentí

Cult Movie originalmente publicado en Imágenes de Actualidad, n.º 373,

noviembre 2016.

 
 
 

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