top of page

El hombre que no quiso ser autor

  • 21 oct 2025
  • 6 min de lectura

Actualizado: 27 oct 2025


Artesano con cuatro décadas de trayectoria diligente al servicio de la industria (no solo) británica, a Roy Ward Baker se le recuerda sobre todo a fecha de hoy por su aportación al cine fantástico, que incluye hitos como ¿Qué sucedió entonces? (1967) y Dr. Jekyll y su hermana Hyde (1971).



1

Roy Ward Baker (1916-2010) tenía sin embargo de su obra una visión más holística y relativista, de la que dan cuenta títulos tan diversos como el noir Niebla en el alma (1952), el film de catástrofes La última noche del Titanic (1958) o el western de ciencia ficción Luna Cero Dos (1969). En diciembre de 1994, cumplidos setenta y ocho años y retirado tras una década de desempeños irrelevantes en series y telefilms –Los árboles de Thika (1981), Minder (1979-1989) o The Good Guys (1992)–, el director concedió al ensayista Wheeler Winston Dixon una entrevista tan extensa como reveladora, donde repetía una y otra vez los conceptos de profesionalidad, suerte y sentido de la oportunidad para interpretar su carrera, sumisa tanto a los designios de guiones donde nunca tuvo interés por dejar una huella explícita como al movimiento de los actores en el plano, una de sus constantes formales más distintivas (1). Su reflexión más contundente terminaba de perfilar una aproximación al cine posibilista, sin alharacas autorales: «La clave radica en no involucrarse demasiado con lo que estás haciendo, dejar que las cosas salgan a su manera. Hay que tomarse en serio a los personajes, que nunca parezcan ridículos, però conviene mantener una distancia respecto del material con que se trabaja, hasta adoptar una objetividad que lo haga realista, convincente, incluso cuando uno no cree en ello (...) Basta con abordar la historia que tienes entre manos de la manera más directa posible, y así el público se creerá lo que cuentas» (2).

Estudiosos como Peter Hutchings han sabido detectar bajo la objetividad o impersonalidad de Baker rasgos diferenciadores respecto de otros realizadores británicos al servicio de la industria en aquel momento: Charles Crichton, John Gilling, Leslie Norman... Dichos rasgos no tendrían que ver para Hutchings con una mirada peculiar tras la cámara sino, precisamente, con la aceptación desprejuiciada y la ejecución funcional por Baker de todo tipo de encargos, capaces de revelar en virtud de su producción incesante «lecturas ora normativas, ora transgresoras» y, en virtud de las necesidades del cine comercial británico, «formas más pulidas de las imágenes en las películas dirigidas por Baker entre 1947 y 1963, y formas más átonas en las realizadas posteriormente» (3).


Baker rodó exteriores para «Las nieves del Kilimanjaro», de Henry King.

Lo que parece indudable es que la promiscuidad y la efectividad tras la cámara de Baker son indisociables de un carácter inquieto, sumamente adaptativo, puesto de manifiesto ya en edades tempranas. Nacido en el seno de una familia londinense de clase media, marcado por una educación «errática» (4) y prendado desde la adolescencia delcine local, francés y estadounidense, Baker logra colarse con diecisiete años en la industria como chico para todo en los estudios Islington, propiedad de Gainsborough Pictures. Tras probar suerte como montador, Baker se consolida a lo largo de la década de los treinta como asistente de producción y dirección en películas de William Beaudine, Robert Stevenson, Carol Reed y Alfred Hitchcock, de quien admira y aprende durante el rodaje de Alarma en el Expreso (1938) todo lo relativo a la economía visual y de medios en un set (5).


2

Durante la Segunda Guerra Mundial, Baker sirve en infantería y más tarde debuta, a las órdenes de la Army Kinematograph Service Film Production Unit (AKS) –liderada por Thorold Dickinson–, como realizador de cortometrajes didácticos, de entrenamiento y propagandísticos. Destacan entre ellos su ópera prima absoluta, Home Guard Town Fighting Series (1943), suma de ocho cortos que explican cómo liberar una población tomada por el enemigo, filmados en buena medida como ficciones (6); According to Our Records (1943), sobre la importancia de guardar un registro riguroso de las actividades cotidianas y militares; Read All About It (1945), que enseñaba a diferenciar las noticias verdaderas de las falsas; What’s the Next Job? (1945); Think It Over (1945); y A Letter from Home (1945), que animaba a los soldados y sus familiares a intercambiar cartas para elevar la moral emocional y patriótica. Algunos de estos cortometrajes están escritos por el novelista, guionista y ocasional productor Eric Ambler. Baker entabla amistad con él, y de su mano inicia al terminar la guerra una carrera titubeante como director para TwoCities y Ganesh Productions, estudios modestos. Todo cambia para él cuando el éxito de su cuarto largometraje, el drama bélico Salida al amanecer (1950), llama la atención de Hollywood.

Baker no se piensa ni un segundo el reclamo de 20th Century Fox, y realiza para la productora estadounidense un total de cinco películas que dan fe nuevamente de su versatilidad: del melodrama fantástico a la odisea de supervivencia en 3D, pasando por el noir y su labor sin acreditar para Las nieves del Kilimanjaro (Henry King, 1952). La experiencia no es en cualquier caso gratificante para Baker, que llega a ser despedido como director de La hechicera blanca (1953) tras ocuparse de su ardua preproducción, y vuelve a Reino Unido, donde es recibido con los brazos abiertos. Durante los años cincuenta encadena para el estudio Rank –sumido en un proceso de reestructuración y diversificación profundo– películas tan populares como El único evadido (1957), un relato bélico inusual, y La última noche del Titanic, superproducción en torno al hundimiento del mítico transatlántico, que constituye el punto álgido de su trayectoria; hasta el punto de despertar en él una ambición inusual, la de reciclarse en productor para Rank.

ROY WARD BAKER FORJÓ SU CARRERA HACIENDO GALA DE

PROFESIONALIDAD, SUERTE Y SENTIDO DE LA OPORTUNIDAD


Roy Ward Baker, en los rodajes de «Armas secretas» y «Las cicatrices de Drácula» (abajo)

Por suerte o por desgracia, los proyectos que baraja a tal efecto –entre ellos, la adaptación al cine de la novela de Allan Sillitoe «Sábado por la noche y domingo por la mañana» (1958), que acabarían materializando Tony Richardson y Karel Reisz– no convencen a los directivos de Rank, y, además, una de sus últimas realizaciones para el estudio, El demonio, la carne y el perdón, western estrafalario protagonizado por Dick Bogarde (sic), es tal fiasco que, según el propio Baker, «me arrebató la confianza en mí mismo durante cuatro años (...) nunca volví a gozar del estatus que había obtenido con “La última noche del Titanic”» (7).


3

Baker deja Rank con el rabo entre las piernas, y sus siguientes películas –Fuego en las calles (1961), The Valiant (1962), Two Left Feet (1965)…–, que oscilan entre la coproducción y lo independiente, tampoco funcionan. Desubicado en un panorama fílmico que ha dejado atrás la mirada clasicista sobre los géneros y abraza el realismo social y las nuevas olas, Baker apuesta por el nuevo medio de masas, la televisión: durante un lustro, realiza cuarenta y un episodios de hasta siete series diferentes, entre ellas las pioneras El Santo (1963-1968) y Los vengadores (1965-1968).

La pequeña pantalla adquirirá cada vez más peso en las elecciones deBaker, quien añade en 1967 a su apellido el «Ward» que hoy forma parte integral de su nombre para evitar confusiones en la industria con un técnico de sonido también llamado Roy Baker. Es un cambio simbólico importante, pues el director se adentra en la segunda mitad de su recorrido creativo, donde los encargos televisivos se alternarán con las películas de terror puestas de moda en Gran Bretaña por las productoras Hammer y Amicus. Baker, que colaboró con ambas, lamentará de hecho en varias ocasiones que los críticos «solo me tengan en cuenta como realizador adscrito a la Hammer y desconozcan mis películas anteriores a 1962» (8).



Lo cierto es que algunas de las siete películas de Baker para la Hammer son consideradas actualmente pequeños clásicos –Las amantes del vampiro (1970), ¿Qué sucedió entonces?–, films de culto –Dr. Jekyll y su hermana Hyde– o bizarradas con valor histórico –Kung Fu contra los 7 vampiros de oro (1974), híbrido entre vampirismo y artes marciales codirigido por Chang Cheh–. De las entrevistas con Baker se deduce que se sintió en ocasiones como pez fuera del agua trabajando para Hammer y Amicus. Era al fin y al cabo un director forjado en un régimen de producción y de imágenes que desaparecía por entonces. Pero no existe mejor muestra de su temperamento curioso y todoterreno que la dignidad con que sacó aquellos films postreros adelante. ■


Elisa McCausland y Diego Salgado


(1) BAKER, Roy Ward (2000): «The Director’s Cut: A Memoir of 60 Years in Film and Television», Londres: Reynolds & Hearn Ltd., pág. 98.

(2) DIXON, Wheeler Winston (1994): «Roy Ward Baker: Twilight of the Empire», en DIXON, Wheeler Winston (coord.) (2001): Collected Interviews: Voices from the TwentiethCentury Cinema, Carbondale/Edwardsville, IL: Southern Illinois University Press, pág. 170.

(3) HUTCHINGS, Peter (2000): «Authorship and British Cinema: The Case of Roy Ward Baker», en ASHBY, Justine & HIGSON, Andrew (coords.): British Cinema: Past and Present, Londres/Nueva York, NY: Routledge, Taylor & Francis Group, págs. 181, 185-186.

(4) DIXON, Wheeler Winston (1994), op. cit., pág. 133.

(5) MAYER, Geoff (2004): «British Film Makers: Roy Ward Baker», Manchester: Manchester University Press, pág. 16.

(6) DIXON, Wheeler Winston (1994): Op. cit., pág. 138.

(7) MAYER, Geoff (2004): Op. cit., pág. 36.

(8) Ibid., pág. 39.


Dirigido por... número 566. Noviembre 2025

 
 
 

Comentarios


Envíame un mensaje y dime lo que piensas

¡Gracias por tu mensaje!

© 2035 Creado por Tren de ideas con Wix.com

bottom of page