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Los siete magníficos. Unos pocos contra muchos

  • 22 dic 2025
  • 10 min de lectura

Uno de los clásicos del cine popular por antonomasia, «Los siete magníficos» («The Magnificent Seven», 1960), de John Sturges, sigue siendo una pieza maestra del género del «western» .Protagonizada por Yul Brynner, Eli Wallach, Steve McQueen, Horst Buchholz, Charles Bronson, James Coburn, Robert Vaughn y Brad Dexter, vuelve a estar de actualidad gracias a la nueva versión que acaba de dirigir Antoine Fuqua.

Los siete magníficos nació a consecuencia de la repercusión internacional obtenida por Akira Kurosawa con Los siete samuráis (1954), una de las mejores películas de aventuras de la historia del cine. Durante mucho tiempo Yul Brynner (1920-1985), principal protagonista de Los siete magníficos, se atribuyó la iniciativa de comprar, por tan solo 250 dólares a finales de los años 50, una opción sobre los derechos de Los siete samuráis, con vistas a hacer un remake de producción norteamericana ambientado en el Far West. Pero quien realmente puso en marcha el proyecto fue el productor Lou Morheim (1922-2013), que compró esos derechos con vistas, asimismo, a convertir Los siete samuráis en un western. A continuación, encargó una primera versión del guión a Walter Bernstein (n. 1919), una de las víctimas de la «caza de brujas» del senador McCarthy que todavía figuraba en las «listas negras» y firmaba sus guiones con seudónimo.

Según Morheim, lo que Bernstein hizo fue una muy fiel adaptación del guión de la pel·lícula de Kurosawa; en consecuencia, «los siete» eran aquí veteranos de la Guerra Civil americana, y su líder, un equivalente del encarnado por Takashi Shimura: un hombre de edad madura para el cual se pensó, en un primer momento, en Spencer Tracy. Morheim propuso la idea a United Artists, la cual se lo ofreció a Anthony Quinn para que lo protagonizara. Dado que Los siete magníficos iba a ser un proyecto caro para la época (2 millones de dólares), la UA se asoció con The Mirisch Company, productora propiedad de Walter Mirisch (n. 1921) –quien todavía figura como productor ejecutivo del remake dirigido por Antoine Fuqua–, y sus hermanos, Marvin (1919-2002) y Harold (1907 1968).


Mirisch fue quien, conocedor del interés de Brynner, le contrató para el papel principal. Adecuar al líder de «los siete» a la edad de Brynner, y marcar distancias con el film original, motivó que se encargara una nueva redacción del guión a Walter Newman (1916- 1993), quien según los testimonios de la época escribió «prácticamente todo lo que al final acabó saliendo en pantalla». Pero, cuando llegó el momento de rodar en México, Newman se negó a viajar allí, con lo cual se contrató a otro guionista, William Roberts (1913-1997), para que estuviese presente en el plató, sobre todo para resolver sobre la marcha los problemas planteados por los censores mexicanos: el gobierno local estaba muy enfadado por Hollywood por la visión negativa que, según ellos, había dado otra superproducción,westerniana filmada en México, Veracruz (Robert Aldrich, 1954), y exigieron un estricto control de esa imagen a cambio de autorizar el rodaje. Más tarde, Roberts logró, que se reconociera su contribución como coguionista ante su sindicato en Hollywood (el Writers Guild of America); pero Newman, irritado ante la idea de compartir su acreditación, decidió retirarla, de ahí que tan solo conste Roberts en ella.


Los siete y algunos más


Durante la preproducción hubo que resolver un par de asuntos. Anthony Quinn, furioso porque al final no le habían dado Los siete magníficos en beneficio de Brynner –a quien acababa de dirigir en Los bucaneros (1958)–, demandó a UA y a Mirisch reclamando una indemnización de 800.000 dólares. Quien también amenazó con demandar fue Lou Morheim, dado que se vio apartado del proyecto por el realizador que al final se haría cargo de la película, una vez descartado su primer candidato, Martin Ritt: John Sturges (1910-1992), quien también asumiría el crédito como productor. Morheim llegó a un acuerdo, en virtud del cual, a cambio de una generosa cantidad de dinero, figuraría en los créditos de Los siete magníficos como productor asociado.

Con Brynner como Chris Adams, el líder de «los siete», el resto del reparto fue decisión personal de Sturges. El realizador echó mano de dos actores con quienes ya había trabajado en su anterior película, el melodrama bélico Cuando hierve la sangre (1959): Steve McQueen (1930-1980), como Vin Tanner, y Charles Bronson (1921-2003), como Bernardo O’Reilly. A ellos se les unirían Brad Dexter (1917-2002) –quien también había trabajado con Sturges, en su caso en El último tren de Gun Hill (1959)–, como Harry Luck; y Robert Vaughn (n. 1932),como Lee. Este acababa de conseguir una nominación al Oscar al Mejor Actor de Reparto por La ciudad frente a mí (Vincent Sherman, 1959), y su presencia daba «prestigio» al elenco. Vaughn afirma que fue él quien un día se tropezó casualmente con su viejo amigo de la universidad James Coburn (1928- 2002), y le recomendó que hablara con Sturges para conseguir el papel de Britt. Más sorprendente fue la elección del alemán Horst Buchholz (1933-2003), en su debut en el cine norteamericano, para encarnar al mexicano Chico. Eli Wallach (1915-2014) se hizo con el papel de Calvera, el líder de los forajidos mexicanos, sin necesidad siquiera de hacer una prueba; el actor era reacio a encarnarlo, porque el personaje aparecía al principio del film y luego tardaba mucho en volver a salir, pero luego consideró que lo interesante del mismo era que, durante su ausencia, el resto de personajes no dejaban de hablar de él. En el reparto también hallamos al actor ruso Vladimir Sokoloff (1889 1962), encarnando al anciano del pueblo, y a Rosenda Monteros (n. 1935), como Petra, el interés amoroso de Chico.

Campo de batalla: el plató


La filmación de Los siete magníficos tuvo lugar entre el 1 de marzo y abril de 1960 en Cuernavaca, Durango, Tepoztlán y los estudios Churubusco. El trabajo se desarrolló dentro del calendario previsto y sin pasarse de presupuesto, pero el divismo y la rivalidad de sus protagonistas provocó algunos momentos de tensión. La anécdota mencionada con más frecuencia es la «guerra» que se desató entre Brynner y McQueen, cuya gravedad varía según las versiones. Dispuesto a eclipsar a la estrella Brynner, McQueen desarrolló una estrategia interpretativa, consistente en hacer cosas con su sombrero o con las armas en aquellos planos que compartía con el primero. Brynner, viejo zorro, le advirtió un día, medio en serio medio en broma, que si seguía haciéndolo, bastaría con que él se quitara el sombrero, y enseñara su célebre cráneo rasurado, para acaparar toda la atención de la cámara (sic). Pero McQueen no era el único que intentó «jugársela» a Brynner: la primera escena que se rodó fue una en la que la comitiva a caballo de «los siete» encabezada por Chris cruza un arroyo; en la primera toma, y sin que Brynner se diera cuenta porque estaba de espaldas a ellos, sus compañeros de reparto hicieron gestos o recitaron líneas de diálogo no previstas en el guión… Precisamente una escena fruto de la improvisación fue aquélla, cómica, en la que Horst Buchholz intenta torear a una vaca: a Sturges le gustó, y decidió incluirla. De hecho, el realizador era consciente de la competición por destacar existente entre los miembros del reparto, y no solo no la impidió sino que, en parte, la estimuló, convencido de que repercutiría positivamente en la película.

Aunque en muchas ocasiones se ha intentado retratar esa competencia como algo sano, no falta quien afirma que la misma adquirió en ocasiones tintes desagradables. Buchholz siempre habló mal de la conducta de McQueen como compañero de reparto (y no es el único), pues afirmaba que a este último no le terminaba de gustar su papel y hubiese querido hacer el de Chico. También se dice que la rivalidad entre Brynner y McQueen duró incluso hasta que el primero visitó al segundo en su lecho de muerte (ambos fallecerían víctimas del cáncer), y se reconciliaron.

Estrenada en los Estados Unidos el 23 de octubre de 1960, y aunque parezca mentira, Los siete magníficos tuvo inicialmente un funcionamiento comercial flojo en su país de origen. Sin embargo, sus extraordinarias cifras en el mercado internacional, sobre todo en Europa, unido a la popularidad de su famosísima banda sonora, compuesta por Elmer Bernstein (1922-2004), bastaron para que fuera repuesta en los cines norteamericanos, alcanzando entonces una cifra cercana a los 5 millones de dólares.

El «western» de John Sturges que lanzó a la fama

a varios de sus famosos intérpretes

20 dólares y la comida


Lo mejor de Los siete magníficos lo hallamos en su espléndido sentido del detalle, en ocasiones tan sutil que puede pasar desapercibido en el conjunto de un film lleno de ramalazos épicos y excelentes secuencias de acción que son, todavía hoy, lo que más se recuerda de esta popularísima película, uno de esos títulos que «le suenan» a todo el mundo incluso sin haberlo visto, dado el carácter de icono que sustenta.

Aunque a simple vista no lo parezca (o, mejor dicho, no suele recordárselo así), Los siete magníficos es un film sombrío y complejo a nivel de construcción dramática y descripción psicológica de sus personajes: ni sus «héroes» carecen de aristas, y ni tan siquiera el «villano» está exento de matices que contribuyen a humanizarlo. Respecto a este último, resulta significativa su presentación en la secuencia de apertura: el forajido mexicano Calvera –un como siempre extraordinario Eli Wallach, anticipando aquí sus no menos memorables roles westernianos en La conquista del Oeste (Henry Hathaway, John Ford y George Marshall, 1962) y El bueno, el feo y el malo (Sergio Leone, 1966; ver Cult Movie en núm. 238)– se presenta en el pueblo mexicano con sus hombres, para saquearlo una vez más; pero, curiosamente, su pomposo discurso no es el de un ladrón al uso (aunque sí lo sean sus violentas maneras: el jefe del poblado le da un cigarro, y él a cambio le abofetea varias veces y se lleva todos los cigarros de la lata): Calvera se considera a sí mismo un marginado, una especie de «incomprendido» que no hace otra cosa que aquello en lo que cree firmemente: explotar a los campesinos. Incluso cuando, mucho más adelante, captura a los «siete magníficos», en vez de aprovecharse de esa clara ventaja y asesinarles, les deja marcharse, pues considera que los pistoleros sencillamente se han metido en un asunto que ni les va ni les viene: un asunto de mexicanos que solo deben resolver mexicanos.




Por otro lado, el retrato hace de los «siete magníficos» dista mucho de ser halagüeño. La secuencia de presentación de Chris y Vin, aceptando temerariamente conducir una calesa fúnebre que contiene el cadáver de un piel roja, el cual una parte del pueblo no quiere que sea enterrado en el cementerio del pueblo junto a los «blancos» (sic), ya sugiere algo que se concreta a continuación: que tanto Chris y Vin como el resto de sus compañeros de aventuras son hombres que se dedican a vender su pistola al mejor postor porque no saben hacer otra cosa en la vida. Discurso que se vehicula en la figura del más joven de los «magníficos», Chico, quien sueña con la «grandeza» de la vida de pistolero –lo cual no puede menos que hacernos recordar otros clásicos del western como El pistolero (Henry King, 1950) o Historia de un condenado (Raoul Walsh, 1953)–, cuando la amarga realidad es que Chris y sus experimentados colegas malviven como pueden: todo lo que los mexicanos pueden ofrecerles son 20 dólares y la manutención a cambio de seis semanas de un trabajo consistente en matar hombres y jugarse la vida...; y lo aceptan.

Chris asume el encargo de proteger a los mexicanos de los ataques de Calvera porque le conmueve el hecho de que los habitantes del pueblo hayan reunido todas sus escasas pertenencias de valor («a veces me han ofrecido mucho, pero nunca me lo habían ofrecido todo»); del mismo modo que Vin se une a la aventura porque lo prefiere al empleo de dependiente de tienda que acaba de encontrar. O’Reilly acepta los 20 dólares a pesar de que, asegura, en el pasado ha llegado a cobrar entre 600 y 800 por su «trabajo» (lo cual indica lo mal que le van las cosas en la actualidad). El lacónico Britt trabaja con otros hombres en un trabajo donde no se encuentra a gusto: la primera vez que le vemos, mata en duelo con su cuchillo a un hombre que estaba provocándole e intentaba matarle. Lee se suma al grupo porque necesita los 20 dólares..., para pagar los dos días de alojamiento en la pensión donde se encuentra. Y Harry lo hace con el convencimiento de que Chris le está engañando: que tras esa aventura se esconde un cuantioso botín: la misma mentira piadosa que le contará Chris antes de fallecer entre sus brazos. Los siete magníficos no es el mejor western de John Sturges –lo superan Duelo de titanes (1957), Desafío en la ciudad muerta (1958) y El último tren de Gun Hill–, lo cual no quita que nos hallemos ante una obra notabilísima y una contribución importante al género.


Tomás Fernández Valentí

LA SAGA DE LOS SIETE MAGNÍFICOS


# EL ORIGINAL: «Los siete samuráis» (1954), de Akira Kurosawa, un vibrante relato aventurero escrito por Kurosawa en colaboración con Shinobu Hashimoto y Hideo Oguni, y protagonizado por Toshiro Mifune y Takashi Shimura.

# LAS SECUELAS: El éxito internacional de «Los siete magníficos» propició la realización de tres continuaciones: «El regreso de los siete magníficos» (1966), de Burt Kennedy, con guión de Larry Cohen, y la única en la que Yul Brynner se avino a repetir su papel de Chris, secundado por Robert Fuller (como Vin), Julián Mateos (como Chico), Warren Oates, Claude Akins, Virgilio Teixeira, Elisa Montés (como Petra), Fernando Rey, Emilio Fernández y Ricardo Palacios; «La furia de los siete magníficos» (1969), de Paul Wendkos, con George Kennedy como Chris, James Whitmore, Monte Markham, Reni Santoni, Bernie Casey, Joe Don Baker, Sancho Gracia, Jorge Rigaud y, de nuevo, Fernando Rey; y «El desafío de los siete magníficos» (1972), de George McCowan, con Lee Van Cleef como Chris, Stefanie Powers, Michael Callan, Mariette Hartley, Luke Askew, Pedro Armendáriz Jr., Ed Lauter y Gary Busey.

«Almas de metal».

# EL GUIÑO: En «Almas de metal» (1973), de Michael Crichton (ver Cult Movie en núm. 232), y más brevemente en su secuela, «Mundo futuro» (1976), de Richard T. Heffron, Brynner daba vida a un robot del parque temático Westworld (Mundo del Oeste) idéntico a Chris, su personaje en «Los siete magníficos».

# LA SERIE DE TELEVISIÓN: «Los siete magníficos» (1998-2000), emitida por la cadena CBS y protagonizada por Michael Biehn (Chris), Eric Close (Vin), Ron Perlman y Laurie Holden.

# LA IMITACIÓN: «Los 7 magníficos del espacio» (1980), de Jimmy T. Murakami, una producción de Roger Corman (quien parece ser que dirigió algunas escenas), con Richard Thomas, George Peppard, John Saxon, Darlanne Fluegel, Sybil Danning, Sam Jaffe, Morgan Woodward, Jeff Corey y uno de los protagonistas del film de Sturges, Robert Vaughn. Un primerizo James Cameron trabajó aquí como director artístico.

«Los 7 magníficos del espacio».

 
 
 

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