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SILVER PICTURES. La acción tiene un nombre

  • 20 ene
  • 31 min de lectura

Actualizado: 21 ene


«Commando», «Arma letal», «Depredador», «Jungla de cristal», «El gran halcón», «El último boy scout» y «Matrix». ¿Quién da más en el género de acción que Silver Pictures? ¿Qué productor supo acertar en el género como lo hizo Joel Silver? ¿Y por qué el hombre que lanzó las carreras de Arnold Schwarzenegger, John McTiernan, Bruce Willis y tantos otros es uno de los más odiados y envidiados de Hollywood? Aquí te detallamos los altibajos de una productora que ha definido el cine de acción para siempre.

El 26 de abril de 2012, la antaño propietaria de Deadline.com, Nikki Finke, publicaba la noticia en exclusiva: Warner Bros. anunciaba que había puesto fin a su relación con Silver Pictures. De este modo terminaba una multimillonaria asociación entre el estudio de Burbank y el productor Joel Silver, quien había estrenado bajo su bandera sagas como las de Arma letal y Matrix. Pero los dirigentes de Warner se hartaron de cómo este hablaba de ellos a sus espaldas, criticando la promoción y el estreno de Sherlock Holmes: Juego de sombras, que estaba siendo derrotada en taquilla por la cuarta entrega de Misión: imposible.

Era la gota que colmaba el vaso tras fracasos de taquilla como Speed Racer.

«Quizás es hora de que me marche», le dijo Silver a Jeff Robinov, mandamás del estudio, según Finke. «No encajo en este nuevo mundo».

De este modo, Silver se vio obligado a abandonar sus oficinas en el legendario estudio, las mismas que habían sido construidas para Frank Sinatra en 1963, y ocupadas antes por Richard Donner, y de las que el productor se sentía tan orgulloso.

Era el fin de un acuerdo entre dos partes. Pero también representó un punto y aparte para la industria del cine.

Atrás quedaban los contratos multimillonarios con productores ostentosos, anclados en una era de hacer cine y entenderlo muy distinta a la esponsorizada por una nueva generación de ejecutivos y medios que analizan cada dólar los primeros y cada acto personal los segundos.

La era Joel Silver en Warner Bros., que cubrió casi 25 años, se vio definida, como en tantos otros casos durante las décadas de los 80 y 90, por el exceso y el abuso.

Pero también por un cine espectacular, desafiante y popular, mucho más arriesgado de lo que aparentaba y mucho más satisfactorio de lo previsto.

Joel Silver tuvo una primera etapa de aprendizaje en la que colaboró con el

productor Lawrence Gordon: desde entonces, no han vuelto a dirigirse la palabra

«Límite: 48 horas», uno de los grandes éxitos del dúo Gordon-Silver.

Gordon/Hill


Joel Silver no recuerda una etapa de su vida donde no sintiera pasión por el cine. Y por un tipo de género muy concreto, definido por hombres duros, aguerridos, solitarios. Sus películas favoritas eran A quemarropa, Doce del patíbulo, ambas protagonizadas por Lee Marvin, y La gran evasión, con Steve McQueen.

Nació en un barrio judío de clase media-alta en New Jersey. Su padre era un ejecutivo de relaciones públicas, mientras que su madre era escritora. De pequeño solía decir a quien quisiera escucharlo que terminaría siendo como David O. Selznick, el histórico productor de Lo que el viento se llevó y Rebeca.

No tardó en abandonar sus estudios de cine en Nueva York para mudarse a Los Ángeles, donde fue contratado por su mentor, el productor Lawrence Gordon, primero como su chófer y secretario, y después como ejecutivo de su compañía. Los dos colaborarían en la producción de films como Dillinger, El luchador, Driver y Los amos de la noche, todas ellas de Walter Hill, El ex-preso de Corea, con Tommy Lee Jones, y Xanadú, protagonizada por Olivia Newton-John, aunque fue sustituído durante el rodaje debido a su desfase presupuestario.

Fue una etapa clara de aprendizaje rodeado de cineastas con una personalidad tan marcada como la suya (el mismo Hill) y Gordon, con quien seguiría colaborando hasta La jungla 2:Alerta roja.

Este no le ha dirigido la palabra a Silver desde entonces.

A principios de la década de los 80, Joel Silver fue nombrado presidente de Lawrence Gordon Productions. Fue entonces cuando produjo tres títulos que lanzarían su carrera: Límite: 48 horas, Calles de fuego y El gran despilfarro, los tres nuevamente firmados por Hill, y este último el primero que se estrenaría bajo el sello Silver Pictures en asociación con Gordon y Davis Entertainment, empresa de John Davis que después produciría La tapadera,

Yo, robot y Waterworld, entre otras (¡vaya trío de productores!).


Joel Silver producía sus películas en base a tres elementos:

el reparto, la historia y el Índice Boom: un impacto cada 10 minutos

«48 horas más», secuela de «Límite: 48 horas» y uno de los trabajos de Silver con Walter Hill.

Límite: 48 horas fue un éxito absoluto. Pero costó: fue a Lawrence Gordon a quien se le ocurrió la idea original a principios de los 70, que no empezó a tomar forma hasta que este produjo El luchador, que es cuando se la contó a su realizador, Walter Hill, quien de inmediato se mostró interesado en el proyecto, aunque no como director, labor para la que recomendó a su por aquel entonces montador Roger Spottiswoode (quien años después dirigiría El tren del terror, Dispara a matar y El mañana nunca muere).

Spottiswoode fue quien escribió una primera versión del libreto, que después pasó por diversas manos, entre ellas las de Steven E. de Souza, quien años después volvería a cruzar destinos con Gordon y/o Silver en Commando, Jungla de cristal y Ricochet, entre otras.

La idea inicial de los productores era que Clint Eastwood diera vida al papel del delincuente

que se asocia con un detective para solventar un caso. Pero fue Walter Hill quien expresó dudas ante la eficacia de tal planteamiento y sugirió que dicho papel cayera en manos de un cómico afroamericano, apuntando específicamente a Richard Pryor.

Pasaron un par de años, el proyecto resucita en Paramount Pictures, por aquel entonces dirigido por Michael Eisner. Nick Nolte se muestra interesado en protagonizarlo, Pryor es demasiado caro (por lo que se contrata a Eddie Murphy tras tantear a Gregory Hines) y Límite: 48 horas debuta en los cines y termina recaudando 79 millones de dólares (216 millones de hoy). Su presupuesto había sido de 12 millones de dólares (33 millones de hoy).

El éxito de la cinta da a Silver, Gordon y Hill la oportunidad de hacer lo que quieran.

Y lo hacen.

Calles de fuego, que termina en Universal Studios después de que Eisner odiara el guion y rechazara producirlo, es su versión de película para adolescentes todo bañado en un estilo de cómic.

Según su guionista, Larry Gross, «Walter quiso crear su propio cómic, sin que la base argumental perteneciera a uno». Además, el cineasta se negó a que hubiera sangre y muertes en la historia.

Dos escenas de «Calles de fuego», también de Walter Hill, y último trabajo de Joel Silver para Universal por esos años.

Después de que Tom Cruise, Eric Roberts y Patrick Swayze rechazaran intervenir en el film, el papel protagonista recayó en Michael Paré, secundado por Diane Lane, quien reemplazó a la incialmente prevista Daryl Hannah, y Willem Dafoe, recomendado a los productores por la futura realizadora de Le llaman Bod hi, Kathryn Bigelow, por aquel entonces la pareja sentimental de uno de los mejores amigos de Hill.

Paré recordó sentirse incómodo durante el rodaje, tanto por el trato que le dispensó Hill como por los insultos diarios de otro de los actores, Rick Moranis, «un tipo enano que no lograría ser follado ni en una casa de putas», como lo describió aquel.

Pero la respuesta de las audiencias fue… silenciosa. La película costó 14.5 millones de dólares (39 millones de hoy) y terminó ingresando poco más de 8 millones (22 millones de hoy).

En Universal Pictures quedan hartos de Silver, quien despilfarra 10.000 dólares en darse una fiesta de cumpleaños y gasta decenas de miles de dólares en rediseñar sus oficinas en el estudio.


Schwarzenegger / Gibson / Willis


Llegó la hora de la independencia. Silver se separa de Gordon, aunque los dos seguirían colaborando en proyectos concretos, para producir a solas Commando (1985). Y da en la diana.

El film, protagonizado por Arnold Schwarzenegger y reescrito por de Souza, costó 9 millones de dólares (25 millones de hoy) y recaudó casi 58 millones (158 millones de hoy). Pero fue entre 1987 y 1988 cuando Silver Pictures deja su huella en el mundo del cine contemporáneo al producir Arma letal, Depredador y Jungla de cristal, estas dos últimas asociado con Gordon (también produjo Jumpin’ Jack Flash, con Whoopi Goldberg, y Action Jackson, con Carl Weathers, las cuales, si bien no fueron grandes éxitos, sí obtuvieron beneficios y, además, dejaron entrever lo importante que para Silver era el multiculturalismo en los repartos de todos sus films años antes de que ese término se pusiera de moda).

Joel Silver impulsó la carrera de Arnold Schwarzenegger con «Commando» (foto superior) y «Depredador» (abajo).

Hay varios elementos que coinciden en ese trío de hoy clásicos que definen el estilo Silver.

Primero, el reparto. «Un famoso agente de bienes raíces dijo una vez que, en su trabajo, las tres reglas de oro eran: localización, localización y localización», recordó en una ocasión Joel Silver. «En mis caso son: reparto, reparto y reparto. No es tan fácil como parece. Tienes que tomar la decisión correcta. “Límite: 48 horas” sería una serie B si no fuera por Nolte y Murphy. Ellos le dieron un giro a la película de colegas».

Después, la historia, tanto da de dónde venga. «Shane Black tenía 21 años cuando leí “Arma letal”. No sabía quién era», explicó al recordar al guionista de la cinta. «Lo mismo con las hermanas Wachowski, quienes escribieron un guion llamado “Asesinos” que me lo dio a conocer Mel Gibson (a principios de los 90). Todo depende siempre del material. Es el truco de siempre: cuando leo o veo algo que yo quiero ver en un cine, me motiva a hacer lo que haga falta para que se convierta en una realidad… Incluso apuñalarme a mí mismo por la espalda».

En tercer lugar, lo que se ha descrito como el Índice Boom, una teoría que aprendió en los años 70, cuando las películas se proyectaban en celuloide. Cada rollo duraba diez minutos, por lo que cada diez minutos la película requería de una explosión, disparo o escena de acción. «Creé el Índice Boom para que en los guiones quedara claro que cada diez o doce minutos tenía que haber un momento que impactara a los espectadores», relató Silver.

Y, finalmente, la promoción. «Joel sabe,dónde están los puntos fuertes de un relato y tiene,un instinto único para vender la película», detalló Richard Donner a “The Hollywood Reporter” al hablar del productor. «Es un tipo encantador, divertido, maravilloso. Pero ve con,cuidado. Joel te usará para obtener todo lo que él anhele».

Tras seis películas juntos, Donner dejó de hablar con Silver porque este trató de tenderle una trampa que, en caso de haber caído en ella, hubiera hecho responsable al director de la saga Arma letal de las teóricas pérdidas económicas de Conspiración y Asesinos, que él también realizó (Silver no recuerda que nada de eso sucediera). Además, Silver evitó pagarle durante años los beneficios obtenidos por la producción de la serie de HBO Tales From the Crypt, que los dos auspiciaron junto con Robert Zemeckis.

Donner / McTiernan


El rumor cuenta que los guionistas Jim y John Thomas escribieron el libreto de Depredador tras escuchar una broma de Hollywood en la que se decía que, después de Rocky IV, a Sylvester Stallone solo le quedaba luchar contra un alienígena.

Los Thomas vendieron la historia, titulada Hunter, a Silver, quien se asoció con Lawrence Gordon, mandó una reescritura a David Peoples (Blade Runner) y contrató a John McTiernan como director, quien fue recomendado por los ejecutivos de 20th Century Fox que habían trabajado con él en Nómadas. No obstante, el primer director contactado fue Geoff Murphy, futuro realizador de Freejack y Alerta máxima 2.

La anécdota que todo el mundo recuerda del rodaje es el despido/abandono de Jean-Claude Van Damme, quien daba vida al monstruo extraterrestre… por ser demasiado pequeño, en comparación con las estrellas de la cinta, Arnold Schwarzenegger, Jesse Ventura y Carl Weathers, y por darse cuenta de que su cara nunca sería vista en la versión final del film.

Stan Winston, quien había trabajado con Schwarzenegger en Terminator, le enseñó varios diseños del alien al director de esta James Cameron, quien le recomendó que apostara por añadirle mandíbulas, porque nunca en el cine se había visto algo así.

Depredador tuvo un presupuesto de 18 millones de dólares (42 millones de hoy) y sumó en todo el mundo 98 millones de dólares (227 millones de hoy). Además, generó secuelas, un par de franquicias, remakes, novelas, videojuegos, juguetes y cómics.

«Arma letal», la película que definió la moderna «buddy movie» de acción y dio pie a una lucrativa franquicia.

Los triunfos de «Depredador», «Arma letal»

y «Jungla de cristal» consolidaron el imperio Silver

La inspiración de Shane Black para Arma letal fue, curiosamente, Walter Hill. Este había dirigido el episodio piloto de la serie Dog and Cat (1977), con Kim Basinger. Black creyó que el libreto tenía el germen de una buena idea a desarrollar. El éxito de Límite: 48 horas lo animó a escribir el guion que salpicó de referencias a Harry el sucio y el western urbano.

El tono del mismo, «muy oscuro», y su tamaño, 140 páginas, obligaron a que fuera reescrito

una vez llegó a las manos de Silver y Donner a través de Warner Bros., que lo había comprado por 250.000 dólares (600.000 dólares de hoy) con la intención inicial de que fuera dirigido por Leonard Nimoy.

El encargado de darle más humor y recortar páginas fue Jeffrey Boam, quien también escribiría (o reescribiría) los libretos del resto de la franquicia y sería el guionista de Indiana Jones y la última cruzada.

Mel Gibson fue elegido como protagonista después de que este llevara un tiempo deseando trabajar con Donner, de quien había admirado su Lady Halcón.

El resultado convenció a propios y extraños: Arma letal costó 15 millones de dólares (35 millones de hoy) y recaudó 120 millones de dólares (278 millones de hoy), convirtiéndose en el primero de un cuarteto de largometrajes (todos dirigidos por Donner y producidos por Silver), base de una serie de televisión e inspiración para decenas de films.

¡Qué decir de Jungla de cristal a estas alturas! No solo está considerada como la mejor película de acción de la historia, lanzó a Bruce Willis al estrellato, inició una franquicia, creó escuela («Jungla de cristal en un aeropuerto», «Jungla de cristal en un barco», «Jungla de cristal en el espacio») y ha sido preservada para la historia por el Registro Nacional de Cine de Estados Unidos.

Es, también, el mejor film navideño jamás realizado.

La base del film es una novela de Roderick Thorp, «Nothing Lasts Forever» («Nada dura para siempre»), publicada en 1979 que, a su vez, es la secuela del libro que dio pie a El detective, film dirigido y protagonizado por Frank Sinatra.

La novela de Thorp quedó relegada en el guion final de Steven E. de Souza y McTiernan aprovechó la reescritura del mismo para que toda la acción tuviera lugar durante una sola noche, no en tres días como estaba narrado inicialmente.

A Bruce Willis casi le pasa lo mismo que a Tom Selleck o Pierce Brosnan cuando a estos les ofrecieron convertirse en las estrellas de En busca del arca perdida y 007: Alta tensión: su contrato televisivo, en el caso de aquel con Luz de luna, le impedía poder pasar varios meses rodando un largometraje de estas características. Pero la compañera de reparto de Willis, Cybill Shepherd, quedó embarazada, lo que obligó a paralizar la filmación de la serie.

Los productores de Jungla de cristal, desesperados porque tenían una fecha de estreno y todos los actores a quienes les habían ofrecido el papel de John McClane lo habían rechazado (entre ellos, Richard Gere, Clint Eastwood, Burt Reynolds, Sylvester Stallone, Harrison Ford, Don Johnson, Nick Nolte, Mel Gibson y… Richard Dean Anderson), no perdieron el tiempo y le ofrecieron a Willis un cheque por 5 millones de dólares, una cantidad inaudita para un actor sin prácticamente experiencia en la gran pantalla.


«Jungla de cristal», para muchos la mejor película de acción jamás realizada..., y, también, el mejor film navideño de la historia.

Por supuesto, uno de los aspectos más aclamados del film es la presencia de Alan Rickman: fue Joel Silver quien tuvo la idea de contratarlo tras verlo en Broadway dando vida al vizconde de Valmont en “Las amistades peligrosas”. Pero fue idea de McTiernan que, para la escena de su muerte, lo soltaran del arnés antes de tiempo, para que así su reacción cayéndose al vacío fuera más realista.

El presupuesto de Jungla de cristal fue de 28 millones de dólares (68 millones de hoy) y sus ingresos en todo el mundo fueron de 141 millones (314 millones).


«El gran halcón» / «Ricochet» / «El último boy scout»


El cambio de década no le sentó muy bien a Silver Pictures. A pesar del éxito de las continuaciones de Arma letal (en Arma letal 2 Donner rodó dos finales, en uno de los cuales moría el personaje de Gibson) y Jungla de cristal (por La jungla 2: Alerta roja Willis cobró casi 16 millones de dólares de hoy), un trío de largometrajes estrenados en 1991 la causarían más de un dolor de cabeza a sus responsables (mucho más que con Depredador 2 o con De profesión: duro y Las aventuras de Ford Fairlane, dos títulos con los que la productora no corrió riesgos innecesarios).

Me estoy refiriendo a El gran halcón, El último boy scout y Ricochet.

La primera, que se basó en una idea de sus estrella, Bruce Willis, recaudó 17 millones de dólares (33 millones de hoy); su presupuesto fue de casi 70 millones de dólares (135 millones de hoy), debido a un rodaje caótico en el que se cambiaba el guion (y algunos actores) cada noche.

Ricochet, escrita al igual que aquella por Steven E. de Souza, estaba destinada a convertirse en una última entrega de la saga de Harry el sucio, dirigida por Fred Dekker (Robocop 3), pero Clint Eastwood consideró que su tono era demasiado sórdido, así que terminó en manos de Russell Mulcahy (Los inmortales) y Denzel Washington.

Su recaudación apenas superó los 20 millones de dólares (41 millones de hoy).

Y luego llegó El último boy scout, de Tony Scott, la única vez que el hermano de Ridley trabajó con Silver.

Este le pagó a Shane Black 1.75 millones por el libreto (casi 4 millones de hoy), que en aquel momento, mediados de los 80, se titulaba «Die Hard», el cual terminaría siendo el título original de Jungla de cristal.


«El gran halcón» (arriba) y «El último boy scout» (abajo), ambos con Bruce Willis, hicieron tambalear las finanzas de Silver, sobre todo el primero.

El rodaje fue un descontrol de egos: nadie se llevó bien con nadie. Scott no soportó a su productor; su estrella Bruce Willis se enfrentó con Damon Wayans, el coprotagonista; Black se vio obligado a reescribir el guion a diario para hacerlo cada vez más espectacular; y el director no pudo imponer su voz porque Willis y Silver se creían con la autoridad de dictaminar hacia dónde tenía que ir la producción.

«El guion es mucho mejor que la película final», sentenció Scott.

El último boy scout costó 43 millones de dólares (83 millones de hoy) y recaudó 114 millones (220 millones de hoy), lo que podría haber sido considerado un relativo éxito si no hubiera sido por los porcentajes que todos sus responsables se llevaron al bolsillo fruto de los ingresos en taquilla.


Joel Silver / Hollywood / Frank Lloyd Wright


Mientras Cannon Films, Carolco Pictures y Simpson/Bruckheimer Films veían cómo sus compañías caían víctimas de excesos presupuestarios, egos indomables y acuerdos fallidos, Joel Silver no pareció sufrir el mismo destino.

Pero no fue por intentarlo, especialmente a nivel personal.

Ha estado al borde (o más allá) de la quiebra en varias ocasiones, debido a su afición a la compra de bienes raíces y arte.

Silver es propietario de una mansión en Brentwood, Los Ángeles, valorada en 40 millones de dólares, donde aún vive con su esposa (con quien ha tenido dos hijos), y sobre la que pesan varias hipotecas, al igual que su casa en Malibú, valorada en 35 millones de dólares, y su mansion en Carolina del Sur, construida por el arquitecto Frank Lloyd Wright, valorada en 5 millones de dólares y en la cual, hace un tiempo, hasta tenía un… hipopótamo.

Su esposa conduce un Rolls Royce descapotable de color púrpura y él se pasea en un Maybach valorado en casi medio millón de dólares. Cada año, para su cumpleaños, Silver traslada a Los Ángeles a todos los miembros de la cocina de su restaurante preferido en Venecia, el Vini Da Arturo, para que le cocinen durante 11 días sus platos de pasta favoritos.

Su colección de arte está valorada en 17 millones de dólares, pero también la tiene hipotecada por 3 millones de dólares (aun hoy paga un promedio de un 20% en sus préstamos).

Y después están sus acciones, como cuando durante el rodaje de Jungla de cristal ordenó a su chófer que atravesara la barrera de seguridad de los estudios Fox en Century City porque él no quería esperar en la cola con el resto de empleados (el presidente del estudio por aquel entonces, Barry Diller, le prohibió la entrada al mismo a partir de este incidente); cuando produjo Las aventuras de Ford Fairlane, experiencia que el ejecutivo de Fox al cargo, Joe Roth, describió como «una pesadilla»; o cuando fue demandado tras un percance que sufrió su asistente, quien murió ahogado después de la boda de Jennifer Aniston y Justin Theroux en Bora Bora. La familia de la víctima acusó al productor de proveer a su secretario de alcohol y drogas, que le afectaron su poder de reacción cuando cayó en una laguna. Silver resolvió la demanda con la familia para que el caso no llegara a juicio.


Stallone | Coen | Stone


La segunda etapa de la trayectoria de Silver Pictures da inicio con Matrix, una auténtica revolución cinematográfica tanto creativa como industrialmente. Pero hay un antes y un después del film de las hermanas Wachowski. Y ninguno de los dos es tan meritorio como el de los años donde Neo, Morpheo y Trinity invadieron las pantallas.

La retahíla de incidentes descritos en los últimos párrafos de la primera mitad de este especial dedicado a Silver Pictures no es amarillismo de por sí, aunque algo de ello sí que hay.

La razón real es para entender bien el por qué la productora en general y Joel Silver en particular, manteniendo un buen ritmo de ingresos (especialmente gracias a la saga Arma letal: casi 1.000 millones de hoy en recaudación mundial si sumamos los datos de la tercera y cuarta entregas) y habiendo renacido tras Matrix no supo mantener su estatus debido a una serie de situaciones internas consecuencia más de la personalidad de su impulsor que no de sus decisiones creativas.

«Demolition Man», combinación de acción y ciencia ficción que, sin ser un fracaso, resultó menos rentable de lo previsto.

En cierta forma, Demolition Man es la respuesta a todo ello.

Forma parte de la etapa de despilfarro en Warner Bros. Tal y como recordaba un asistente de Silver a «Los Angeles Times», para productores como este el estudio era un «banco» que emitía dinero sin pensárselo dos veces, de ahí que Arma letal 3 costara 35 millones de dólares (66 millones de hoy) en 1992, mientras que el presupuesto de Arma letal 4 se disparó, solo seis años después, hasta los 140 millones de dólares (226 millones de hoy).

El costo inicial de Demolition Man era de 45 millones de dólares (unos ajustados 82 millones de hoy), pero su rodaje fue un verdadero despropósito.

Todo comenzó con problemas con el reparto: después de ofrecer los papeles protagonistas a Steven Seagal y Jean-Claude Van Damme, y recordemos que por aquella época Seagal era otra máquina de generar dólares para Warner, los productores apostaron por intérpretes aún más caros, Sylvester Stallone y Wesley Snipes, este en lugar de Jackie Chan, quien era la opción preferida por la estrella de Rocky. La actriz principal, Lori Petty, fue despedida tras tres días de rodaje, y fue sustituida por Sandra Bullock (lo que supuso un incremento en el departamento de salarios al tener que firmar un contrato a última hora con una estrella naciente).

Y luego llegó la filmación: el plan de rodar 72 días pronto fue olvidado. Marco Brambilla, en su debut tras las cámaras (otra forma para Silver y Stallone de controlar el resultado en la pantalla), requirió un total de 114 días. La extensión obligó a contratar nuevos técnicos y artistas, de ahí que Demolition Man contara con cinco ayudantes de dirección.

«Deben quedar solamente una docena de miembros del equipo original», declaró uno de los empleados del film a «Los Angeles Times» cuando el diario publicó un artículo al respecto en 1993. «Joel y Marco ya ni se saben el nombre de nadie aquí, porque todo el mundo es nuevo».

Los ejecutivos del estudio se mostraron tan preocupados por el descontrol en el plató que enviaron a uno de ellos a que supervisara la producción cada minuto.

Unos años después, Tony Scott, quien conocía a Brambilla porque este había rodado anuncios para la compañía de su hermano Ridley, recordó el regalo que le hizo al joven realizador cuando se enteró que Joel Silver lo había contratado para dirigir Demolition Man: una pistola de juguete. «Lo entenderás más tarde», le dijo.

Según «LA Times», el presupuesto final rondó los 70 millones de dólares (128 millones de hoy), cifra que Silver describió como «hinchada» y redujo a 57 millones de dólares (104 millones de hoy).

Recaudó en todo el mundo 159 millones (290 millones de hoy), pero los porcentajes de beneficios a sus responsables redujeron las ganancias para Warner.

Más de veinte años después, Stallone demandó al estudio porque su contrato estipulaba que iba a cobrar un 15% de tales ingresos en taquilla si el film generaba 125 millones en la taquilla mundial y un 20% si superaba los 200 millones.

La respuesta inicial del estudio fue decir que la cinta no había dado ni un solo dólar de beneficio; al contrario: había perdido 67 millones de dólares. La amenaza de una demanda fue respondida con un cheque por 2.8 millones de dólares. Pero los abogados de Stallone consideraron la cifra insuficiente (un 15% de 159 millones son casi 24 millones de dólares).

Además, añadieron que el actor tampoco había recibido la compensación acordada por otros films del estudio, como El especialista, Cobra y Tango & Cash.

En mayo de 2019 la disputa fue resuelta, como detalló un representante de Warner Bros., «amigablemente». Es decir, Stallone ganó.

La segunda etapa de la carrera de Silver culmina con «Matrix»..., pero también

cuenta con relativos tropiezos como «Demolition Man» y «El gran salto»

«El gran salto», lo más parecido a cine de autor producido por Silver.

1994 fue un año relativamente tranquilo para Silver Pictures. Si bien El gran salto fue un sonoro fracaso comercial, la cinta de los hermanos Coen contó al menos con un respaldo crítico hasta ese momento inusual en la carrera de Joel Silver.

«Adoro esa película», comentó el productor años después. «Quizás si el reparto hubiera sido distinto, hubiera tenido otro tono. Los Coen querían a Anthony Hopkins de protagonista. Él acababa de triunfar con “El silencio de los corderos”, pero rechazó el guion. Así que apostaron por Paul Newman, quien estuvo genial. Pero si hubiéramos tenido a Anthony Hopkins recién ganador de un Oscar quizá eso hubiera ayudado» a que el film hubiese funcionado en taquilla.

Además, como recordó también el productor, los Coen se empeñaron en darle el papel principal a Tim Robbins, «quien estuvo genial», aclara, a pesar de que los más taquilleros Tom Cruise y Robin Williams «se mostraron interesados en él». El resultado fue el largometraje más caro de la carrera de los Coen hasta ese momento (25 millones de dólares, 44 millones de hoy) y uno de los peor recibidos en taquilla (5 millones de dólares de hoy en todo el mundo).

Otra producción Silver Pictures en 1994 compensó el fiasco de El gran salto: Niño rico, con Macaulay Culkin, sumó un total de 207 millones de dólares en ingresos tanto en cine como formato casero (368 millones de hoy, según un costo actualizado de 71 millones de dólares).

Pero 1995, que vio los estrenos de Asesinos y Caza legal, supuso un regreso al despilfarro que proseguiría el resto de la década con films como Conspiración, de Richard Donner, y Un lío padre (como es habitual con Clint Eastwood, Medianoche en el jardín del bien y del mal, una coproducción de Silver Pictures con Malpaso Productions, costó unos ajustados 30 millones de dólares, pero no alcanzó los 25 millones de dólares de recaudación mundial).

El caso más escandaloso fue el de la comedia con Robin Williams y Billy Crystal, remake del film francés Los compadres. Su presupuesto alcanzó los 85 millones de dólares (139 millones de hoy) para terminar ingresando en todo el mundo, atención, 36 millones de dólares (59 millones de hoy).


Regreso a «Asesinos»


El guion fue adquirido por Silver, junto con el de Matrix, antes del estreno de Lazos ardientes, el debut de sus autores, las hermanas Lana y Lilly Wachowski, quienes por aquel entonces firmaban sus largometrajes como Larry y Andy Wachowski.

El productor pagó por ambos libretos 2 millones de dólares (casi 4 millones de hoy) y cedió las riendas del mismo, una vez más, a Richard Donner, quien por aquel entonces cobraba una media de 10 millones de dólares por film. Añadamos esa cantidad a los sueldos de Sylvester Stallone, Julianne Moore y, en menor medida, Antonio Banderas, y es por ello que el costo final alcanzó los 50 millones (86 millones de hoy).

Recaudó solo 83 millones en todo el mundo (143 millones de hoy) y provocó cierta fricción entre las hermanas Wachowski y Silver, ya que el guion fue alterado por Brian Helgeland (L.A. Confidential, Conspiración) quien, a petición de Donner, redujo el contenido violento del relato (curiosa demanda teniendo en cuenta lo que le gusta el cine violento a Helgeland). Lana Wachowski siempre ha descrito el guion de Asesinos como su «aborto».

Peor lo tuvo en taquilla Caza legal, el intento fallido de transformar a Cindy Crawford en una estrella de cine (eso sí, tras ofrecer el papel a actrices más veteranas como Geena Davis, Julianne Moore, Drew Barrymore o Brooke Shields).

El film estaba inspirado en la misma novela que dio pie a Cobra, con Stallone, quien era el actor inicialmente previsto para encarnar al personaje interpretado por Billy Baldwin y que en su momento rechazó Keanu Reeves, futura estrella de la saga Matrix (si es que al final todo queda atado y bien atado…).

Stallone fue la razón por la que la cinta está ambientada en Miami en lugar de San Francisco, como se detallaba en el guion, porque la estrella de Rambo vivía en Florida por aquel entonces.

El film fue dirigido por un tal Andrew Sipes quien, cuidado con el dato, no se ha vuelto a poner detrás de una cámara, probablemente ni para tomar fotos de sus hijos, si los tiene.

La filmación fue otro despropósito, aunque la postproducción ya lidió con lo escandaloso: el personaje de Elizabeth Peña aparecía en el tráiler, al igual que el nombre de la actriz en los primeros pósters que se publicitaron.

«Asesinos» y «Caza legal» fueron serios fracasos

que perjudicaron la carrera de su productor

Dos escenas de «Asesinos», un «thriller» de Richard Donner que salió menos bien de lo esperado.

Pero tras un pase de prueba, quedó claro que los espectadores odiaron su actuación, así que fue sustituida por Salma Hayek, quien demandó cambios drásticos en el libreto; la música de Michael Kamen (Arma letal) fue reemplazada por la de Mark Mancina (lo mismo sucedió en Asesinos y con los mismos compositores); el personaje de Dan Hedaya fue eliminado completamente; Steven E. de Souza (Jungla de cristal) reescribió el guion mientras el film se rodaba; y el metraje final quedó en unos escasos 91 minutos, aunque la versión europea era unos seis minutos más larga al contener más escenas de sexo.

Resumiendo, costó unos 50 millones de dólares (86 millones de hoy) y recaudó… 11.5 millones de dólares en todo el mundo (19 millones de hoy). Hagan cálculos…

El único respiro que se le permitió a Silver Pictures y Warner Bros. por aquella época fue Decisión crítica, que en las manos seguras y veteranas de Stuart Baird, montador habitual de Richard Donner, generó 122 millones de dólares en la taquilla mundial (205 millones de hoy) partiendo de un presupuesto de 50 millones de dólares.


Wachowski / Reeves / «Matrix»


Cuando Joel Silver pagó 2 millones por los guiones de Asesinos y Matrix, tuvo muy claro que este último era algo muy especial… y a principios de los años 90, imposible de materializar, tanto desde una perspectiva técnica como financiera.

Sabía que si Matrix se trasladaba a la pantalla como debía ser, «lo transformaría todo», contó años después. «La aceleración y desaceleración de las imágenes, el efecto bala… todo eso era revolucionario».

«Matrix», la película de los hermanos (ahora, hermanas) Wachowski que marcó época.

El pago inicial por los derechos del libreto salió de su bolsillo. «Nadie lo quería, ni siquiera Warner», explicó recientemente al referirse a las páginas escritas por las hermanas Wachowski. «Tuve que poner yo el dinero, unos 150.000 dólares. La trilogía de “Matrix” ha terminado recaudando más de 3.000 millones para Warner Bros.».

Las hermanas Wachowski «desde el principio, lo diseñaron todo como una trilogía y sabían que cada película iba a ser distinta», rememoró Silver recientemente. «La primera es sobre el descubrimiento, la introducción a un nuevo mundo, una nueva idea, una nueva forma de ver las cosas. La segunda era más filosófica: versa sobre los caminos que uno debe seguir para alcanzar sus objetivos, y termina con un final abierto. Además, en “Matrix 2” reniegan de la profecía de la primera, lo que permitió partir de cero en la tercera película, que es la de la resolución: “Matrix 3” es una película de guerra, una adaptación gigantesca de un cómic».

Como Will Smith ha reconocido en más de una ocasión, uno de los grandes errores de su carrera fue rechazar protagonizar Matrix cuando se la ofrecieron. Por aquel entonces, Val Kilmer iba a encarnar a Morphee. Smith no entendió muy bien el concepto y en su lugar actuó en Wild Wild West, que sí entendió…

Kilmer quedó fuera de la ecuación cuando exigió a los responsables de la película que su personaje fuera el principal del relato.

Siguió la búsqueda del reparto perfecto: Brad Pitt y Leonardo DiCaprio también dijeron no a dar vida a Neo, y Silver llegó a ofrecerle el papel a Sandra Bullock. También lo rechazó. Keanu Reeves lo aceptó.

Por su parte, a Arnold Schwarzenegger y Michael Douglas tampoco les entusiasmó la opción de encarnar a Morpheo, lo que alegró a las cineastas, porque estas, desde un principio, apostaron por Laurence Fishburne.

Carrie-Anne Moss fue elegida para convertirse en Trinity después de que una prueba filmada entre Keanu Reeves y la esposa de Smith, Jada Pinkett Smith, demostrara que «los dos no sintonizábamos para nada», explicó la actriz años después. «No teníamos química alguna».


Conscientes de la importancia de no superar los 60 millones de presupuesto asignados (95 millones de hoy), Lana y Lilly Wachowski crearon un story-board de 600 páginas donde detallaron plano por plano toda la película. Los que envolvían el efecto bala que popularizó el film hasta la extenuación, representaron un gasto de 750.000 dólares y dos años de trabajo.

Todo valió la pena. Matrix recaudó en todo el mundo 466 millones de dólares (737 millones de dólares), generó dos secuelas (totalizando unos ingresos de más de 1.700 millones de dólares de hoy), cómics, videojuegos y una serie animada. La cuarta parte, que Lana dirige a solas y que ha co-escrito con sus colaboradores en Sense 8, Aleksandar Hemon y David Mitchell, está en fase de producción.


Dark Castle / Downey Jr. / Collet-Serra


Silver Pictures entró en el nuevo milenio al igual que llegó a la década previa: bañado en el éxito.

Lo que sucedió después es, más o menos, lo mismo que en los 90.

Por un lado, acertó pero no arrasó con una división dedicada al cine de terror y de acción, Dark Castle Entertainment, que lanzó en asociación con Robert Zemeckis, con quien había ya colaborado en la serie de televisión de los años 80 Tales From the Crypt.

De ella surgieron producciones como House on Haunted Hill, 13 fantasmas, Barco fantasma, La cosecha, Splice: Experimento mortal, Ninja Assassin, Los perdedores, Una bala en la cabeza (que lo volvió a reunir con Walter Hill y Sylvester Stallone) y La casa de cera, La huérfana y Sin identidad, las tres del catalán Jaume Collet-Serra.

De su asociación con Collet-Serra se ha mostrado extremadamente satisfecho. «Cuando preparábamos “La casa de cera”, buscaba un director que fuera capaz de resucitar un proyecto vetusto, moribundo, estúpido. Él sugirió un montón de ideas y, como había rodado muchos anuncios que eran estupendos, pues pensé: ¿por qué no darle una oportunidad? Hizo lo mejor que se podía hacer con esa película y hemos continuado trabajando juntos porque me gusta cómo lo resuelve todo».

«La casa de cera» (arriba), debut de Jaume Collet-Serra, y «Sherlock Holmes: Juego de sombras» (abajo), secuela de «Sherlock Holmes, ambas de Guy Ritchie.

Una vez más, Silver termina en una demanda por Dark Castle que enturbia cualquier beneficio que tanto él como Warner pudieran obtener.

Por otro lado, su labor como productor empezó a resentirse dado el distanciamiento de Hollywood con el papel del productor tradicional. Los nuevos ejecutivos no dicen sí a todo y cuestionan sus decisiones.

Alan Horn, buen amigo suyo, abandonó Warner para irse a The Walt Disney Co.. Lo reemplaza Jeff Robinov, de quien años después Silver diría: «Espero que ese tipo nunca salga a la superficie».

De esa última década en Warner emergió de todo, pero salvo en el caso de Romeo debe morir, Herida abierta, Nacer para morir, V de vendetta (que tardó 11 años en producirse), El libro de Eli y las dos entregas hasta la fecha de Sherlock Holmes con Robert Downey Jr., nada bueno que reportar desde un punto de vista financiero (y de esta lista, la mayoría obtuvieron beneficios mínimos).

Títulos que podrían haber dado alguna ganancia como Operación Swordfish, con John Travolta, o La extraña que hay en ti, de Neil Jordan y con Jodie Foster, se ven lastrados por presupuestos desorbitados (156 millones y 89 millones de dólares de hoy, respectivamente).

Pero son los fracasos los que más duelen y afectan a Silver Pictures: Dragones y mazmorras, Kiss Kiss Bang Bang, Invasión, que resultó ser otro rodaje y postproducción caóticos y recaudó 40 millones de dólares, la mitad de lo que costó, Fred Claus, el hermano gamberro de Santa Claus, que costó la friolera de 98 millones de dólares (124 millones de hoy), y, especialmente, Speed Racer, de las hermanas Wachowski, que costó 160 millones (196 millones de hoy) y terminó sumando en todo el mundo tan solo 93 millones (114 millones de hoy).

La película que salvó su contrato en Warner tras el fiasco de Speed Racer fue Sherlock Holmes. Y lo hizo no porque él fuera su instigador, sino por la petición expresa de Robert Downey Jr. de que Silver fuera contratado como productor.

Downey estaba agradecido con aquel porque lo había contratado para protagonizar Gothika y Kiss Kiss Bang Bang cuando nadie le prestaba atención y, en este último caso, por encima de actores más populares como Benicio del Toro, Hugh Grant y Johnny Knoxville.

Además, la esposa de la estrella de Iron Man, Susan Levin, fue empleada de Joel Silver en los años 80. La amistad resultante de tal asociación a tres bandas se mantiene aún hoy.

Warner, presionado por tal demanda del actor, la aceptó, con la condición de que el salario del productor fuera reducido a la mitad. Robinov, quien odiaba todo el producto que surgía de Dark Castle y boicoteó la promoción de Kiss Kiss Bang Bang, o al menos eso es lo que sugirió Silver, solo necesitaba una excusa más para echarlo.

«Sherlock Holmes», con Robert Downey Jr., y su secuela, fueron,

en la práctica, los últimos grandes éxitos de Joel Silver


Sherlock Holmes: Juego de sombras fue un éxito comercial (recaudó 543 millones de dólares), pero quedó por detrás de la cuarta entrega de Misión: imposible, que se estrenó al mismo tiempo. Para Silver eso fue culpa de la campaña promocional de Warner Bros. Robinov se enteró de las protestas del productor, que por cierto nunca son educadas, y eso condujo al final de la asociación entre ambas partes.


«Wonder Woman» / «Watchmen» / «Sgt. Rock» / «La fuga de Logan»


En el tintero quedaron muchos proyectos, algunos olvidados y otros pendientes.

Por ejemplo, el Watchmen de Terry Gilliam, «una película mucho mejor» que la de Zack Snyder, según Joel Silver, quien «fue un esclavo del material original».

El guion de ese Watchmen nunca producido estuvo a cargo de Sam Hamm, autor del Batman de

Tim Burton. Gilliam lo reescribió acompañado de Charles McKeown, con quien había colaborado en Brazil.

En su versión, como recordó recientemente Joel Silver, «Doctor Manhattan es convencido por Ozymandias para viajar atrás en el tiempo con el fin de impedir su creación, ya que a él se le debe la alteración de la economía mundial y su estructura política. El resultado es que Doctor Manhattan nunca existió. Él era el único personaje con superpoderes de todos. Pero del vórtice creado por sus acciones emergen el resto de personajes de “Watchmen”».

También quedaron apartados los remakes de Gypsy, dirigido por Barbra Streisand, y La fuga de Logan, realizado por Nicolas Winding Refn y con la estrella de su Drive, Ryan Gosling, que iba a ser en 3D, así como el Doc Savage de Shane Black y el Sgt. Rock de Quentin Tarantino, a pesar de que a Silver no le gusta su cine.

«No soy un fan de Quentin Tarantino para nada, no me gusta nada de lo que hace. Me parece todo un pastiche, una parodia», comentó al respecto. «Le envié el guion que teníamos pero nunca me respondió. Luego leí que le había gustado y que incluso había creado su reparto ideal. Pero se decantó en su lugar por su versión de la historia e hizo “Malditos bastardos”».

De su Wonder Woman no le gusta hablar mucho, porque cree que su proyecto tenía las de ganar antes de que las adaptaciones de superhéroes se pusieran de moda.

«Contraté a este escritor joven que nadie conocía, Joss Whedon. Escribió un gran guion», afirmó Silver. «Por razones que no entiendo, el estudio pensó todo lo contrario, no le gustó el guion, por lo que no quisieron hacer la película. De hecho yo la tenía muy avanzada y hasta había hablado con George Miller (“Mad Max”) para que la dirigiera y con Sandra Bullock, quien mostró interés en protagonizarla».

¿Y qué decir de la secuela de La mujer explosiva, uno de sus primeros films? «Quiero hacer un “remake”», confirmó no hace mucho. «De hecho se lo he encargado al director de “Proyecto X” y la historia envuelve a una impresora tridimensional. La hemos adaptado a los tiempos que corren».


Ayer / Hoy / Mañana


En febrero de 2015, casi tres años después de su marcha de Warner Bros. (¿o será despido?), Joel Silver fue visto con el magnate canadiense Daryl Katz, quien decidió por aquel entonces diversificar su negocio, principalmente de droguerías, apuntando al mundo del entretenimiento.

Por ello, invirtió en Silver Pictures.

Poco se debió informar Katz de la fama de Silver. Si la etapa Warner acabó como acabó (por cierto, Silver estaba tan endeudado y desesperado por el dinero que aceptó 30 millones de dólares en compensación por el fin de su contrato en lugar de un tanto por ciento en el porcentaje de ingresos futuros de sus films, como Matrix 4), la que siguió en Universal y Studio Canal, entre 2012 y 2015, tampoco terminó demasiado bien.

Lo primero que hizo Silver fue gastarse 7.6 millones en comprar una antigua oficina de correos en Venice que decidió remodelar contratando a una prestigiosa firma de arquitectos. El proyecto de albergar Silver Pictures allí pronto se topó con desaveniencias presupuestarias (¡por supuesto!) y problemas estructurales.

Durante ese periodo produjo las muy exitosas Proyecto X (presupuesto: 12 millones, recaudación: 102 millones) y Non-Stop (Sin escalas), esta de Jaume Collet-Serra (presupuesto: 50 millones, recaudación: 223 millones).

«Me encanta “Non-Stop”», declaró Silver hace un par de años. «Es una de esas películas que termina siendo mucho mejor de lo que te esperas de ella».

Pero también apostó por títulos que pasaron con más pena que gloria por las salas, si es que llegaron a ellas, como Los ojos del dragón, con Jean-Claude Van Damne, La casa de seguridad, con Dolph Lundgren, y, especialmente, Caza al asesino, con Javier Bardem y Sean Penn.

Por esta, el actor español recibió un cheque por 5 millones de dólares, según informó «The Hollywood Reporter», una cantidad que Bardem hizo bien en aceptar pero que muchos en la industria consideraron excesiva para un personaje secundario en un film protagonizado por Penn, claro ejemplo de actor veneno para la taquilla, especialmente la de EE.UU., quien por cierto terminó enfrentándose con Silver durante el rodaje y la postproducción. Este retiró su nombre de los créditos finales.

La cinta, que costó 40 millones de dólares, terminó sumando en todo el mundo 24 millones.

En Universal Pictures y Studio Canal quedaron hartos del productor, quien despilfarró 10.000 dólares en darse una fiesta de cumpleaños y gastó decenas de miles de dólares en rediseñar sus nuevas oficinas en el estudio.

La oficina de correos en Venice, por cierto, terminó siendo vendida en 2019 por 22 millones de dólares.

En fin, que Katz, seducido por Hollywood y con dinero de sobras (su fortuna personal está estimada en más de 3.400 millones de dólares), se fía que Joel Silver pueda abrirle las puertas de la meca del cine.

«Proyecto X», una barata película juvenil que resultó la mar de rentable.

Las bisagras chirrían


La lista de fracasos es considerable: Suburbicon, de George Clooney, Persecución al límite, con Nicholas Hoult (presupuesto: 21 millones, recaudación: 4.8 millones), y SuperFly (presupuesto: 30 millones, recaudación: 21 millones).

Suburbicon es un guion de Joel y Ethan Coen que estos escribieron en 1986, «justo después de “Sangre fácil”», explicó Silver en 2015. «Conozco a los Coen desde hace más de 30 años. Cuando hicimos “El gran salto” me dijeron que Warner tenía un guion suyo. Costó años encontrarlo: estaba en una microficha oculta en una caja de un almacén que Warner tiene en Nueva Jersey. Los Coen quisieron reescribirlo, porque habían pasado casi 20 años. A través de Dark Castle les pagamos para que lo hicieran y ambientaron la acción en el presente. George Clooney se entera que tenemos el guion, que los Coen lo quieren de protagonista y nos dice que desea dirigirlo también. Él y su coguionista lo reescriben otra vez y lo enmarcan en 1957».

El resultado… para olvidar. Costó 25 millones y recaudó la mitad.

Joel Silver regresó momentaneamente a Warner Bros. para producir Dos buenos tipos, porque formaba parte del catálogo de títulos aún ligados a tal estudio. Su protegido, Shane Black (Arma letal), fue su director y guionista, y consiguió un considerable aplauso crítico, algo inusual para Silver.

Pero la taquilla no reflejó ese entusiasmo y, tras gastarse 50 millones de dólares en su presupuesto, la cinta se quedó con una recaudación mundial por debajo de los 63 millones de dólares.

Silver reconoció que un proyecto de estas características hubiera encajado mejor en un canal de televisión. «De hecho, intentamos vender la historia a HBO y CBS, y casi lo logramos, pero nadie dio luz verde. 2013 llegó y tras dirigir “Iron Man 3” Shane y yo decidimos hacerla en cine», explicó.

En junio del año pasado, Daryl Katz, harto de tanto fracaso y del constante gastar de Silver, despidió a Silver (o lo dejó marchar, como se dice más educadamente en el argot de Hollywood).

En cierta forma, Joel Silver había recibido una tercera oportunidad y la había desaprovechado.

De forma consciente o no, el productor de las futuras Matrix 4 y Sherlock Holmes 3 (aunque se desconoce su función real en tales títulos y si cobrará sus habituales 2.5 millones de dólares de salario base teniendo en cuenta la lista de acreedores que lo acechan), echó la última paleada a su propia tumba profesional.

Solo él es el culpable de su final, de la misma forma cómo solo él fue la razón inicial de los 13.000 millones recaudados por sus films en todo el mundo.

Pero sobre todo, él es el culpable de la existencia de tantos clásicos y tantas producciones que definieron y desafiaron géneros, como el policial y el de acción, el fantástico y el de terror, siempre defendiendo una apuesta sin parangón por el buen cine de Hollywood. El buen cine comercial. Y el buen cine mundial.


Imágenes de Actualidad número 416. Febrero 2021


Josep Parera

 
 
 

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