Simón de la montaña
- 9 oct 2025
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Una historia de fragilidad

La película se inicia y culmina con similar planteamiento visual, un primer plano del joven Simón aportando sus datos. En el primer caso, frente a su nuevo amigo. En el segundo, frente a la psicóloga que le interroga. Sus respuestas nos permiten vislumbrar un personaje condicionado por su discapacidad intelectual. Y es a través de su mirada que conocemos un mundo particular, formalmente cercano al documental pero dramáticamente inserto en un realismo social que se aleja del maniqueísmo.
Debut en el largometraje del argentino Federico Luis, Simón de la montaña no duda en plantear su historia desde un marcado punto de vista, el del propio protagonista, perspectiva que se hace cada vez más evidente y que se consigue mediante una filmación cámara en mano sin demasiadas florituras. Es destacable el juego con la pista de audio. En algunas de las secuencias del film, escuchamos los sonidos distorsionados que nos llegan del audífono que lleva Simón en su oreja, y que sirven como metáfora de su propio estado de ánimo. El resultado no puede ser más elocuente. Simón y sus compañeros, en su descubrimiento de la sexualidad y de la amistad, viven en un mundo áspero, donde la normalidad les agrede. Desde el educador riguroso hasta la madre superada por las circunstancias, su obvia minusvalía sirve como excusa de una limitación emocional que nunca se explica, sino que más bien se intuye bajo los parámetros genéricos de un acertado costumbrismo. Porque la cinta no hace suyo ningún discurso concreto, sino más bien construye su relato mediante secuencias de escasa solemnidad.
En en la parte final del film cuando se masca la tragedia, cuando Simón estalla contra aquellos que pretenden ser sus cuidadores, pero que que mantienen un deje castrador en sus gestos y en sus palabras. Hasta entonces hemos disfrutado de un coming-of-age interesante, que bebe de muchas fuentes pero que consigue definirse por encima de sus referentes. Simón de la montaña no es una película naíf, pero tampoco es el relato tremebundo de una carencia. Reflexión sobre la vulnerabilidad, se acerca más al retrato sociológico que a la denuncia. Quizás le falte mayor atrevimiento a la hora de exponer los errores del sistema. O a intentar definir algo más esos personajes “normales” que pululan en los recovecos de un mundo que no está construido para personas como Simón. En última instancia, poco importa. En este mundo despiadado, al final se agradece poder disfrutar de una pausada historia de fragilidad, de esa postrera sonrisa del protagonista, aunque intuyamos un futuro que para él se augura complicado.
Jordi Ardid
Argentina, 2024. Director: Federico Luis. Productores: Patricio Alvarez Casado, Fernando Bascuñán, Ignacio García Cucucovich y Carlos Rincones. Guion: Federico Luis, Tomas Murphy y Agustín Toscano. Fotografía: Marcos Hastrup, en color. Música: Hernán González Villamil. Intérpretes: Lorenzo Ferro, Kiara Supini, Pehuén Pedre, Laura Nevole, Agustín Toscano,Camila Hirane.




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